viernes, 8 de julio de 2016

¿Un Ramiro para todos?

Como muchas veces a lo largo de estos últimos años me vinieron unas repentinas ganas de escribir sin tener bien en claro que quiero decir… ¡la pucha! Perdí en cierta forma esa capacidad de ir escribiendo en mi cabeza lo que días, semanas después sería una nueva entrada.

Pero bueno, para escritores malos, redactores de clichés y filósofos de dos pesos está internet ¿O no? Jeje.

Supongo que más que ganas de escribir tengo ganas de hablar, pero no sé con quien…

Estos días he tratado de macerarme (como pollo en un caldo de provenzal ¿?) en la idea de que solo soy yo. Es decir, no puedo ser todos los Ramiro que fantaseo que los demás quieren que sea, por dos -muy grandes- motivos:
  1. El Ramiro que creo que los demás esperan ver en mí, no necesariamente existe… es un invento mío sobre un potencial invento de los demás… no lo conozco (aunque quizás sea una buena persona =P).
  2.  ¿Para qué quiero ser todas esas personas a la vez? ¿Para que someterme al agotamiento infinito de satisfacer a todos si por sobre todas las cosas, no termino satisfecho yo?

En algún punto se me hace evidente que si tengo que hacer algo para complacer a una persona, automáticamente dejaré de complacer a otra, incluyéndome. Quiero decir, si hay un grupo selecto, diferenciado para el cual debo actuar de una manera, por definición (dirían mis profes de matemática) hay un “NOgrupo” de personas al que esta actuación no convence o ni siquiera le interesa. Viéndolo así, ¿qué sentido tiene? Exacto… ninguno. A menos… que uno disfrute de lo que hace por uno o por otro. La clave pareciera ser diferenciar cuando hago cosas por los demás por mí y cuando estoy persiguiendo a este Ramiro fantasma con el que me paranoiqueo que todos hablan y todos adorarían.

Separar, las cosas que hago por ser solo yo, que me gustan y que al mismo tiempo parecieran hacer algún bien a alguien que me interesa y las que hago porque parece que una cadena cultural de ADN, una catarata de historia (repeticiones de repeticiones) de la sociedad -al menos en mi imaginación- me impone.

Aprovecho para citar a Wayne Dyer, en su libro el cielo es el límite:

Nunca he visto un perro al que le resultase difícil aceptarse como perro; y, además, como exactamente el tipo de perro que es. Jamás he visto a un cachorro de pastor alemán intentando parecer un galgo de tres años. Nunca vi que un perro se considerase torpe ladrando o se deprimiese porque el perro de al lado ladraba mejor que él. Un perro nunca se matriculará en una escuela de perros para aprender a ladrar. No sé de ningún gato que se sintiera avergonzado por no haber conseguido atrapar a un ratón. El gato aprende sin lamentarse por el ratón perdido. Los antílopes, los osos, las hormigas y las ballenas no parecen tener tampoco conflictos internos. Los periquitos y las serpientes no tienen, al parecer crisis de identidad.

Soy solo yo, uno, Ramiro… (bueh... algunos me llaman Ra, Ram, Rami, Rama, RELo, flaco, amigo, pero posta posta, soy solo uno) y si fuera otro y me conociera probablemente me elegiría, pero debo aceptar que otros no me elijan, que gusten de otros Ramiros, otros colores, de otras sonrisas que por ser solo yo, lógicamente no tengo, tengo dos o tres, pero no todas (claro, justo pongo un ejemplo con sonrisas yo ¬¬). No es una competencia de quien es el más elegido para que… ¿o sí?


Y eso, quiero aprender (y compartirles la idea y mis ganas de aprender) a estar porque me gusta y aceptar que no siempre hace falta que esté y eso no significa que valgo menos. Me elijan o no puedo ser un Ramiro completo. Y claro… cada uno de ustedes también puede ser su “ud mismo” sin pensar tanto, sin sufrir por el imaginario que CREEMOS que los demás necesitan, quieren, desean. Demos lo máximo de nosotros, no porque alguien lo pida, sino porque nos gusta darlo y porque hacerlo es parte de ser nosotros según nosotros. ¿Sale?

REL

martes, 5 de abril de 2016

Día de lluvia

Día de perezas más resistentes y voluntades aparentemente más débiles. Día de fuerzas de atracción hacia la cama misteriosas, de sábanas más pegajosas. Mañana de chancletas con medias, hace frio. Día de mangas largas y joggings o de chaleco y saco.
Desayuno con café calentito y cargado porque de otro modo se vuelve a la cama. Día de "hoy el día esta ideal para estar en cama".
Comienzo con disquisiciones al estilo de "¿salgo o no salgo?" de "salgo pero... ¿Llevo paraguas?". Día de "si, aunque odio llevar paraguas" o de "no, odio llevar paraguas".
Día de lluvia y bondis que no pasan más, que pasan llenos y subimos igual, pasan llenos y los dejamos pasar, pasan llenos y nos ignoran.
Día de calles más negras, charcos y autos en combinación amenazante. 
Caminata, aventura de veredas resbalosas o zapatillas con menos agarre, todo junto o todo tan separado que te caes. Día de baldosas flojas ¡y lapuquelopa!.
Día de pocos transeúntes, mayormente sometidos por sus rutinas, de vendedores oportunistas de potenciales saca ojos -paraguas- y gente con sus propios saca ojos, con el humor suficientemente turbado como para desear sacar más de uno y aun así no darse cuenta cuando casi lo hacen. 
Lluvia gris convocadora de camperas impermeables y de algún despistado qué no miró afuera antes de salir, ni quiso volver a entrar una vez afuera.
Día de víspera de narices coloradas. 
Con mi bendición/maldición de "yo qué me agacho y la gente que levanta su paraguas" a veces sonriendo, a veces preocupados/asustados y a veces ni los levantan, karma de ser tan alto.
Mediodía de guiso de lentejas o polenta con salsa y mucho, insisto: mucho, mucho queso.
Día de recetas de la mamá, o más aún, de la abuela.
Día de siesta obligada ¡y lapuquelopa tengo que trabajar/estudiar/ir a clases!
Día de "¿sigue lloviendo?", "¿Más tarde ira a parar? Necesito salir"
Día de redes sociales llenas de publicaciones sobre que afuera esta lloviendo.
Pero no es un día de lluvia completo si no pensas en esa persona especial.

Para F.Y.A.R. No dedicárselo sería una auténtica mentira.

REL

domingo, 31 de enero de 2016

Volví, volví, volví (bitácora de un viaje).



Volví, a esa casa donde aprendí a comer de todo, donde la sopa se respeta. Volví a tomar sopa.

Volví, a esa casa donde aprendió primero, quien me enseñó después a mí.

Volví y volví en el tiempo también, pero las cosas no volvieron conmigo, porque ya estaban ahí.

Desde hace años, esperando por mi capacidad de asombro y por mi viaje hacia esa casa y hacia ese tiempo. Volví, volví, volví.

Volví a esos rincones donde se escondía mi infancia y donde me escondía buscándola. Volví a esos rincones donde ya no entro, donde toda mi madurez no cabe.
 
Volví a esos pasillos donde reí y lloré y volví a reir y volví a llorar.

Volví sin pensar que volvería tanto y al final volviendo tanto más. Volví, volví, volví.

Volví y casi todo estaba igual y al mismo tiempo tan distinto. Lo antes alto ahora estaba bajo y 
lo antes bajo ahora estaba más abajo. Volví y algunas personas se habían ido y otra estaba ahí, queriendo volver, buscando a aquellos que ya no están.

Volví, me reconocí, me perdí y me encontré y volví de vuelta hasta aquí.

Volví a las escaleras, las hortensias y los leones. Volví a los roperos y los mil secretos en cajones.

Volví a sus caracoles y a sus botones. Volví a ese viejo ajedrez sin tablero y quise volver con él.

Volví y me faltaron tus dulces, tus malvones y tus magnolias, tus escones, y al mismo tiempo todo eso estaba ahí, esperando revivir.

Volví y solo así me di cuenta lo lejos que me fui, cuando vi cuanto debía encogerme para entrar ahí.

Volví y los encontré, igual que siempre, alegres de verme. Les dije que los quiero, que los extraño y les agradecí lo que hicieron por mí. Les conté que sigo rezando como me enseñaron y que intento ser cada día mejor. Les di un beso a cada uno y volví.

Para Ema, Luis, Elba y Miguel de donde provienen de quienes provengo. 


REL