Volví, a esa casa donde aprendí a comer de todo, donde la
sopa se respeta. Volví a tomar sopa.
Volví, a esa casa donde aprendió primero, quien me enseñó
después a mí.
Volví y volví en el tiempo también, pero las cosas no
volvieron conmigo, porque ya estaban ahí.
Desde hace años, esperando por mi capacidad de asombro y por
mi viaje hacia esa casa y hacia ese tiempo. Volví, volví, volví.
Volví a esos rincones donde se escondía mi infancia y donde
me escondía buscándola. Volví a esos rincones donde ya no entro, donde toda mi
madurez no cabe.
Volví a esos pasillos donde reí y lloré y volví a reir y
volví a llorar.
Volví sin pensar que volvería tanto y al final volviendo
tanto más. Volví, volví, volví.
Volví y casi todo estaba igual y al mismo tiempo tan
distinto. Lo antes alto ahora estaba bajo y
lo antes bajo ahora estaba más
abajo. Volví y algunas personas se habían ido y otra estaba ahí, queriendo
volver, buscando a aquellos que ya no están.
Volví, me reconocí, me perdí y me encontré y volví de vuelta
hasta aquí.
Volví a las escaleras, las hortensias y los leones. Volví a
los roperos y los mil secretos en cajones.
Volví a sus caracoles y a sus botones. Volví a ese viejo
ajedrez sin tablero y quise volver con él.
Volví y me faltaron tus dulces, tus malvones y tus
magnolias, tus escones, y al mismo tiempo todo eso estaba ahí, esperando
revivir.
Volví y solo así me di cuenta lo lejos que me fui, cuando vi
cuanto debía encogerme para entrar ahí.
Volví y los encontré, igual que siempre, alegres de verme. Les dije que los
quiero, que los extraño y les agradecí lo que hicieron por mí. Les conté que
sigo rezando como me enseñaron y que intento ser cada día mejor. Les di un beso
a cada uno y volví.
Para Ema, Luis, Elba y Miguel de donde provienen de quienes provengo.
REL