jueves, 8 de octubre de 2015

ENRIQUECEDORA



Hace poco me tocó ir a una evaluación psicológica, la primera de mi vida. Había hablado con algunos amigos que habían pasado por lo mismo pues estábamos postulándonos para un mismo puesto de trabajo. Me habían pasado el dato de algunas preguntas y no tenía miedo, hasta que lo tuve.
Como es costumbre, destino que queda a menos de una hora caminando de mi casa, es un destino al que voy, efectivamente, caminando (básicamente porque no tengo auto) me gusta caminar. Caminar permite pensar, y no supe que en ese momento lo que menos necesitaba era eso jeje. En el camino empecé a preguntarme "¿y si estoy loco?". Nadie, ni yo, supo responder.

Si hay algo que creo me caracteriza es que siempre me siento preparado. Puede que las cosas no salgan según lo planeado, pero si acepto un "desafío" (por ponerle un nombre) es porque creo que puedo encontrarle la vuelta. Mejor aún si vi que alguien lo intentó y no pudo o lo hizo de un modo, me hace sentir que tengo más información de lo que debo hacer y lo que no. La ejecución es otra historia la mitad de las veces, pero confío bastante en mi, y en una capacidad que se basa en presunción nada más, hasta que no confío... y se me queman los papeles. Igual no es lo que quería contarles, esto viene a que sentía que todo estaba bien hasta que me planteé la posibilidad de que no lo esté y no había espejo humano que me refleje algo de tranquilidad.

En definitiva fue una experiencia llamativa... agradable, aunque el psicólogo no terminó dándome una devolución convincente, me dio el apto para el puesto.
Fue una experiencia ENRIQUECEDORA.
De entrada yerro mio me fui a la evaluación con lo puesto. Cuando me llama el psicólogo me extiende con la mano una hoja y me dice "completas la planilla y te llamo en un rato". Agarro la hoja y en ese ratito pensé primero "le pido con que escribir a alguno de los que están aquí sentados en el pasillo" y cuando junté un poco más de viveza y valor le dije al psicólogo "disculpe, ¿tiene algo con que escribir?" y el tipo me miró con cara de "¡como! ¿Viniste sin lapicera?" o con cara de "¿esperaste casi a que cerré la puerta para hablar siendo que es obvio que no tenés con que escribir ni mucho menos, idea de lo que implica una evaluación psicológica?" y miren que soy campeón de llevar mi mochila a todos lados así no sea que cargue solo aire y un set de accesorios que rara vez son útiles pero que cuando lo son, todos quedan diciendo “¿Por qué tiene eso en su mochila?”. Capaz que si el licenciado lee esto me quita el apto jaja. Apretando los dientes (parecía) me alcanzó una lapicera.

Me encontré con algunas de las preguntas anticipadas pero una me capturó por inesperada y por lo sorpresivamente compleja de responder a priori...

DEFINA SU VIDA EN UNA PALABRA
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Lo primero que me vino a la mente y quizás lo que uno debería poner en evaluaciones psicológicas, por ser el primer impulso, fue "complicada", nah mucho drama. "feliz", muy de superado, además no me siento feliz. "triste", muy injusto para quienes se esfuerzan por darme lo mejor. La dejé para el final, quería una palabra que describa el todo, no un momento, un día, un aspecto. Si no, todo, cada momento, cada día, todos los aspectos, aún si estos están inconclusos o incompletos en lo individual, una palabra que defina toda mi vida, que cumpla con lo que pedían. Y que sea una… omito la parte del análisis donde cosas como “llena de amor”, “mal pero acostumbra’o” se me cruzaron por la cabeza.

Y me hice un mini kilombo, de esos que me caracterizan, que cuando me preguntan ¿cuánto es 5 – 10? y yo pregunto si nos movemos en los enteros o en los naturales... y hoy con el diario del lunes me parece que la hoja está bien archivada en un cajón y nadie le dio ni 5 de bola a mi elocuente respuesta. Capaz que por eso escribo esto, para que trascienda. Si, para eso escribo, no demos vueltas.

Mi vida es "enriquecedora", creo haber encontrado la palabra justa. Porque el solo vivir me permite incrementar mi bagaje de experiencia. Porque de todo se saca algo aun cuando parece que no se puede sacar nada. Y cuando encontré esa palabra me sentí infinitamente bendecido, porque si estaba en lo cierto realmente no tenía manos para recibir todo lo que se me estaba dando en ese momento solo por estar ahí. Satisfecho, no lo pensé mucho más. La palabra ya estaba, la planilla estaba completa y mi vida bien descripta.

Y otra vez llegamos a ese punto donde o dicen "¡pero que flashea el flaco este!" o siguen leyendo...

Y la cuestión es que en buenas o malas, en la salud o la enfermedad, en el amor o en la soledad, en la riqueza o la pobreza, cada espacio y/o momento que transitamos nos deja algo. Ser capaz de verlo así, sentirlo así o vivirlo así ya es otra historia, pero creo que no hay nada que perder y hay mucho que ganar.

Un entrenador, del cual aprendí muchísimas cosas, solía decirnos, "hasta del mal entrenador se aprende, porque se puede aprender que NO hacer". Y esto que les digo es una extensión caprichosamente amplia, o sea, vale como permitamos que valga. De todo se aprende, todo nos enriquece aun cuando se nos quita. Queda en uno aprender o pasar por la vida firmando la planilla de asistencia a ver si así regularizamos nomas.

En pocas palabras, ustedes ahora pueden considerarse más ricos que al comenzar a leer, por que aprendieron, mínimamente que no deben volver a entrar a leer jeje ;-).

REL

sábado, 26 de septiembre de 2015

257 fotos y 21 todavías



Todavía siento que me quedan cosas por decirte. Quizás nunca se me acaben.

Todavía siento que quedan cajas de “te amo” en este todavía andrajoso depósito llamado corazón, peliagudo si los hay, que todavía no quiere entender la distancia real e imaginaria que ahora existe entre los dos.

Todavía siento que es todavía y no la última vez, la próxima, la anterior o la siguiente.

Todavía rezo por vos y tu familia, todavía los extraño como a la mía. Todavía pido por tu felicidad y por ocupar un lugar en ella, el que sea.

Todavía siento que hay tanto todavía por delante…

Todavía las canciones hablan de vos, de mis sueños con vos, de mi felicidad con vos. Todavía me dicen que debí pelear más o que debería dejarte ir y la tele le sigue el ritmo, toda relación humana real o ficticia, todavía cae en el plano de las comparaciones, en el paralelo de un reflejo que me dice otra vez, ahí está ella, ahí estoy yo.

Todavía creo en un todavía, a veces… otras veces se me piantan los “nunca más” en lágrimas  sabor “cuanto te extraño”.

Todavía me caigo y me levanto.

Todavía me pasan esas cosas. Todavía creo que escribirlas tiene algún sentido.

Todavía tengo mensajes tuyos en mi teléfono, registros de llamadas y 257 fotos tuyas en una carpeta con tu nombre, junto con unas 20 de nosotros juntos. Como todo lo demás, eso sigue ahí ,no sé si por una dulce nostalgia o una falta de valor.

Todavía uso con orgullo las cosas que me regalaste… de nuevo, cobardía o romanticismo.

Todavía creo que todas estas emociones no se van a ir a ningún lado, todavía creo que tienen un lugar en mí, como vos en este andrajoso deposito llamado corazón peliagudo si los hay.

Y es que todavía estoy aprendiendo a amarte de las formas que se me permite y todavía me cuesta saber si es el mismo amor que antes, uno más displicente o uno mucho mayor.

Claramente todavía pienso en vos porque todavía tengo cosas que decirte y quizás nunca se me acaben.

REL

sábado, 22 de agosto de 2015

Basta con pensarlo para que sea posible.



Estuve mal y ahora estoy bien. O al menos eso creo… apreté el botón te pausa y dejé todo ahí, esperando… quizá algún día vuelva a jugar o termine por apagar la consola. Ya veremos.


Son impresionantes (originalmente había escrito “increíbles”, pero si así fueran nunca estaríamos mal jeje) las cosas en las que pensamos cuando queremos estar mal. Si, escribí “queremos” porque estar bien o mal, como muchas veces dije, es una decisión nuestra y no estamos más o menos locos por querer estar mal, a veces es simplemente necesario, porque en esos momentos es donde maduramos (si nos lo permitimos) los cimientos de un nuevo bienestar que se va a edificar solo si queremos (la palabra mágica del día).


Basta con pensarlo para que sea posible.


Y cuesta horrores que parezca tan simple ¿Cuesta? ¿En serio? Es realmente difícil ¿O creemos que axiomáticamente tiene que serlo y eso nos detiene (nos ofusca) cuando queremos ver el camino?


Si hay un vaso medio vacío, automáticamente tiene que haber un vaso medio lleno, por el bien de cosas más elementales (no digamos simple matemática o fracciones por que despierta estigmas ¡ja!). El problema otra vez se resume a qué lado del vaso queremos prestarle atención. De nuevo, “queremos”. Y yo no puedo convencerlos de que vean siempre el lado lleno y se sumerjan en esa mitad de prosperidad infinita, pero si quiero convencerlos de que hay opción. Si logro eso ya me siento realizado. No soy nadie para prohibirles estar mal mientras sepan que pueden estar bien y que solo ustedes se lo impiden. Y aparece de nuevo este concepto que es irritantemente cierto (por suerte) “basta con pensarlo para que sea posible”. Esta idea quiere decir que las cosas son tan ciertas como creemos…


¿De dónde salen nuestros miedos? ¿Nuestros límites? ¿Realmente no podemos excederlos? Lo más probable, es que salgan de cosas que vimos, o de gente en quien confiamos y que nos enseñó que ahí estaban y que no se podían superar. No viene demasiado al caso. Pero si es importante notar que “creemos” en ellos (en los límites) y que eso es lo que les da valor de certeza en nuestra vida. Imagínense que creyeran que salir a la calle está lleno de peligros, que con solo pisar la calle morirían atropellados, naturalmente, no saldrían de sus casas. Como cada día despiertan y creen, con más fuerza que miedo, que salir a la calle es a lo sumo un mal necesario para lograr otros objetivos muchos más trascendentes, la idea “si salgo podría morir” no significa nada para muchos de ustedes, es casi una mentira. Imagínense que los hermanos Wilbur y Orville hubieran creído fervientemente que era imposible que los hombres vuelen, ¿Qué creen que habría pasado? Muy probablemente habría surgido alguien como Glenn Curtiss para mostrarles que no y se hubiera llevado todo el crédito. Imagínense que Henry hubiera pensado que la cadena de montaje era un mito. O si Isaac hubiera mirado con más hambre que curiosidad esa dichosa manzana. El punto es que a nuestro alrededor tenemos constantemente ejemplos de personas que creen (o creyeron) que se puede ir más allá, que se proponen (o propusieron) superar esos límites que a veces no tienen ningún fundamento que los soporte más que nuestra falta de interés en comprobar su elasticidad.


Quiero decir, no hay un libro que indique cual receta como superar los males, o como llevar a cabo los duelos, hay algunas ideas que nos hacen creer, con más o menos fuerza que lo “correcto” es estar mal (y yo creo que es necesario cada tanto ya lo he dicho), pero no, no hay un “código civil” que nos imponga estar mal, tampoco uno que diga que debemos estar permanentemente bien, por eso uno elige (por que puede elegir), en cada día, a cada momento. Entonces, basta con pensar que tenemos que estar mal para que sea posible estarlo y basta con pensar que tenemos que estar bien para que esto sea lo posible. El creer que es posible nos va a movilizar (metafóricamente hablando).


Y esta idea, tiene como tantas otras cosas, esa dualidad intrínseca que separa fuertes y débiles por así decirlo. Los fuertes van a tomarla y se darán cuenta que en la imposibilidad de refutarla es irritantemente cierta pero van a entender que así como molesta, puede convertirse en un principio, en un motivo para levantarse cada día. Si creemos es posible, y si es posible tengo que salir a hacerlo y si no lo logro es porque algo estoy haciendo mal y lo debo corregir y creer que hay algo que corregir nos devuelve al principio de este círculo vicioso que gira a una frecuencia de “yo puedo”. Los débiles no creerán, o creerán que no puede resumirse a una cuestión de fe y creer eso hará posible esa realidad y paradójicamente estarán dentro del grupo de los fuertes que creen algo, solo que sus fuerzas apuntan en otra dirección, los moverán a chocar con sus límites convencidos que no hay un más allá.


Estuve mal, pasé por unos días en donde lo importante para mí era esa parte vacía del vaso, irónicamente llena de porqués, de dudas sobre mí, sobre mi capacidad, sobre mi valor. Un vacío lleno (sí, me encanta la ironía) de cuestionamientos sobre los propósitos de la vida, la vida de los humanos y mi propia vida y no desaparecieron, ni por asomo, están todos ahí “llenando” esta mitad del vaso, pero por hoy, aquí y ahora decidí concentrarme en la parte llena (la parte “buena”) y sigo buscando estas respuestas pero desde la perspectiva optimista que dice “¡ey!, llegaste hasta aquí. No está mal pero hay más allá afuera y vos podes dar más”. Todavía no sé que pasa si salgo a la calle, puede ser cierto que es peligroso, pero si sé que creo en otras cosas más trascendentales, no sé si voy a alcanzar mis sueños pero los creo posibles y eso me ayuda a dar el siguiente paso.


Nosotros elegimos y yo elijo estar bien ¿Ustedes?



REL.