miércoles, 14 de noviembre de 2018

La historia de como conseguí mi primer lapislázuli


El que quiere celeste que le cueste” …  
Yo quise celeste y si… costó.

Aunque yo estuve lejos de anhelar una pintura con un color procedente de un material raro y costoso o incluso de pensar en ganarme el cielo a través de un mas o menos tortuoso camino constantemente (más o menos) lleno de sacrificios. No. Yo solo decidí ser ingeniero. Podría haber decidido ser médico, carpintero, gerente de un banco (¿podría?). En este punto me refiero a que decidí seguir una carrera universitaria… la mejor: ingeniería 😉 jaja.

Y lo logré ¡Eureka! Costó, pero lo logré.

¿Cuánto costo? Veamos… (spoiler alert: no hablo de   $  )

Costó mudarse a otra provincia, con lo que ello implica, alquilar un departamento, alejarme de mis padres y mi hermano, de amigos, de familiares, de una por entonces novia…

Hizo falta encontrar alguien con anhelos mas o menos parecidos, alguien que quiera ir a otra provincia, alejarse de su familia, sus amigos, y su novio/novia si tuviese y que tenga el sustento económico de sus padres (como lo tuve yo) o el propio y lo quiera invertir en una preparación universitaria. Bueno, podía ser que simplemente quisiera ir a probar suerte en otro lugar… pero se entiende, y no fue mi caso.

Hubo que aprender a vivir solo y también a vivir solos. Conocer a fondo a quien creía que conocía (mi amigo compañero de departamento) y adaptarme… y enseñarle a adaptarse a la convivencia. Dividir las tareas de la casa… aprender las tareas de la casa…

Necesité aprender a administrar el dinero, a calcular cuánto va costar, aunque sea a grandes rasgos lo que se va acumulando en el carrito mientras recorro el super y una vez en caja un cálculo rápido para saber en cuantas cuotas conviene hacerlo dados los intereses. Tuve que aprender donde está el super, donde los pago fácil y los rapipagos para pagar las boletas de luz. Que meses había que pagar la luz y cuales tocaba agua y gas. A tener presente los vencimientos de las boletas.

Hizo falta aprender a cocinar, y claro… donde se puede comprar comida.

Necesité hacer nuevas amistades, primero en la universidad y luego fuera de ella. Gente con la que estudiar y con la cual juntarse a hacer otra cosa y terminar hablando sobre la facultad y cuanto hay que estudiar.

Hubo que aprender los horarios de los colectivos que iban a mi provincia, las empresas de esos colectivos y los precios. Las formas de obtener descuentos. Cuidarse de comprar a tiempo los boletos en las vacaciones y fines de semana largos, cuando todos viajaban. Tuve que aprender cuando no viajar aunque extrañase.

Dado el momento fue imperativo aprender sobre resiliencia, sobre hacerse duro frente a circunstancias adversas, a sobreponerse cuando todo indica que le erraste con el camino…

Costó alejarse finalmente de esa novia que en otro momento me despedía dándome ánimos y con un hasta pronto. Anteriormente a eso, hubo que aguantar las bromas sobre “amor a distancia: felices los 4” cuando Maluma todavía no nacía ¿Había nacido? No sé, pero la gente usa mucho esa expresión. Hubo un tiempo donde tuve que aprender donde había cabinas telefónicas para hablar con esa novia y cuanto costaban las llamadas.

Costó muchas horas de estudio y muchas horas de televisión/Netflix. Muchísimas, pero muchas enserio… no, es que no entienden, posta, muchas horas compartidas con ese amigo que también se fue conmigo, guitarreando, charlando, jugando al ajedrez, haciendo desastres en la cocina que igual comíamos y algunos incomibles. De seguro unos cuantos niños en Misiones pueden estudiar en universidades de lujo gracias a la cantidad de mates que costó recibirme de ingeniero (toda la yerba viene de ahí ¿o no?).

Tuve que empezar el gimnasio un par de veces, “había que distenderse en algún momento”. Abandonar porque era caro, o porque los exámenes me hacían faltar, o porque dejó de ser un momento para distenderse.

Empezar a estudiar música porque “había que distenderse en algún momento”, (obvio que también me gusta la música). Abandonar porque los exámenes me hacían faltar, o porque dejó de ser un momento para distenderse.

Otra relación a distancia, aunque con mucha mas liviandad y que por el bien de los dos no duraría mucho.

Lógicamente fue necesario conocer el lugar, sus calles, sus medios de transporte, como economizar al usarlos. A cuantas cuadras de casa está la facultad, en cuanto tiempo llegaba en cole o caminando, saber que el taxi no era opción. Un promedio del tiempo que había que esperar el cole en la parada. Por donde se puede andar tranquilo y por donde no, en qué horas. Donde comprar cospeles, ¿Qué son los cospeles? ¿Ya no sirven mas los cospeles? ¿Tarjeta? ¿Dónde se carga la tarjeta?

Tuve que hacerme de un par de profesores particulares.

Una tercera relación, a distancia otra vez, después de mucha insistencia de parte de ella (hasta el día de hoy, por suerte, me lo reprocha). Nuevamente, aprender las formas “económicas” de comunicarnos. Bancarse mucha distancia mucho tiempo, y un par de veces no bancarse. Aprender a decir: “Perdón, pero tengo un examen la semana que viene, no podré viajar” y "Tenes un examen, quedate a estudiar".

Aprender que eso de que "donde comen 2, comen 3" no es tan sencillo. Que en el medio hay un montón de quehaceres y ropa sucia y un montón de sistemas de distribución que parecen haber sido inventados para números pares de personas. Que la comodidad de 2 no necesariamente es la de 3 (mucho menos la de 4) y que no conoces a una persona realmente hasta que le dejas los platos sucios, o una planta sin regar, los apuntes ocupando toda la mesa o la tapa del shampoo abierta.

Encontrar canchas de básquet y amigos con quienes jugar. Perderse algunas juntadas porque había que estudiar… si, no lo dije creo, pero yo estaba ahí para estudiar. Romperme un diente jugando y aprender donde están las guardias y luego la facultad de odontología (atención mas barata que ir a un dentista). Aprender bastante sobre dientes, como que me fracturé el diente n°21. Durante un buen tiempo, aprender a comer sin morder.

Y podrán pensar que muchas de estas cosas no son necesarias para ser ingeniero, pero es que buena parte de mi dice que así lo logré yo. Siento, quiero sentir, que tuve que pasar por estos aprendizajes, aún si algunos de estos o todos ellos no implicaran no se… avanzar en la carrera, aprobar una materia.

Esta claro que un asiático podría venir a mi facultad, encerrarse en una habitación con suficiente arroz y sacar el título en 2,5 años sin romperse el n°21. Todos mis respetos. Me imagino que el hará su entrada en su blog y les deseo buena suerte leyéndolo. O también estará el que estudia y además trabaja, de lo que sea, y se paga sus estudios. A él lo respeto aún más y además, leería su blog. Pero si me preguntan, o si leen mi blog, yo se ser ingeniero de esta manera y con una mano en el corazón no puedo garantizarles que en alguno de los casos anteriores la satisfacción al llegar sea mayor.

Pero fundamentalmente lo que me interesa transmitir y sobre lo que quiero enfatizar es que no fue solo sentarse a estudiar, no fue solo posponer a mi familia, a mis amigos en las juntadas o incluso a aquellos amigos que quedaron lejos en el pueblo natal… esa es la parte que mas o menos se ve en las películas y que también le pasa a alguien que se va un mes de vacaciones. Fue mucho, pero mucho mas que eso. También hizo falta de la colaboración de este mundo de gente que se fue armando, otra vez, mis padres, mi hermano, la familia, una novia con muchas ganas de esperar y ser parte, compañeros, profesores… mis profesores… mucha, mucha gente posta que puso lo suyo, a su manera, para que yo llegara.

Y yo, hice falta yo, aunque suene loco plantearlo. El animarme, el insistirme, el sabotearme, el fallar y luego perdonarme. Criticarme y mejorar. Bancarme triste, entenderme triste. Bancarme contento. Aceptar cuando me equivoqué y otra vez perdonarme. Fallarme y cumplirme. Fallar a la gente, ¿la del párrafo anterior se acuerdan? Resarcirlos. Tropezar y levantarse, sacudir el polvo del último hachazo en el parcial de turno y seguir. Hice falta yo para seguir porque… si bien hubo cosas que sí tuve muy fácil (como el hecho de que mis padres me bancaron todo ese tiempo económicamente) no puedo estar seguro de que otra persona en igualdad de condiciones llegaría a donde llegué.

A mi me costó todo eso y/en 10 años de mi vida. 10 años de la vida del montón de gente que me acompañó todo el tiempo y que mayormente me sigue acompañando hoy. ¿Uds. pondrían 10 años de su vida en conseguir un paquete así? Probablemente no, ya sea porque son mas capaces, o aprenden las cosas más rápido, o tienen la disciplina de alguien que vive en el Este mas Este de este mundo o porque de golpe creerían que el camino va por otro lado, o que es una vergüenza que tus padres te mantengan a tal edad… no hay una respuesta equivocada … creo.

Pero para mí, que estoy de este lado, conseguir mi título de ingeniero le da sentido a todas las decisiones que tomé y a los costos que yo decidí pagar (a esta altura espero se entienda que no hablo de dinero). Obviamente mis decisiones son cuestionables, y se puede hacer todo mejor o peor, pero eso no quita la satisfacción que hoy tengo y que tiene que ver, e insisto en que es lo que quiero transmitir, con haber querido algo, haberlo querido fuerte (aunque a veces no se haya notado), y haberlo logrado y que cuando me dije “vos podes” durante todo ese tiempo, resultó ser que tuve razón.


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