miércoles, 31 de diciembre de 2014

Y que el balance sea siempre positivo



I sogni sono l'ossigeno della vita. Basta ricominciare a sognare e di colpo tutto cambia, il mondo si muove, la giostra gira, la luna ci indica la strada e le stagioni; L'aria profuma di buono, il sole scalda più forte, e nei parchi ecco che rifioriscono i prati...
Nessuno deve impedirci di sognare come di amare. Di lasciar correre la fantasia, di accettare le sconfitte per poi rialzarci più forti di prima. Riscoprendo la luce dell'universo in noi stessi.
Avendo anche il coraggio di cambiare. Senza vergognarci mai per aver dato o ricevuto una carezza, o apprezzato una parola buona...
È solo questo che a volte ci manca in un mondo che è e sarà sempre bellissimo.

Eros Ramazzotti.

Buenas. Último día del año, para bien o para mal -ojalá que para bien- algo termina y otro algo empieza… mejor dicho: se cierra un ciclo y comienza el siguiente. Queriendo o sin querer se renuevan, aunque sea un poco las fuerzas, las esperanzas, las promesas (de dieta entre otras ;-)) y se re-plantean los objetivos. Se cierra la caja y se calcula el saldo a favor o en contra.

Personalmente estoy dudando que exista el saldo en contra de uno, en esto de evaluar el año que pasa y proyectar el que comienza, hoy por hoy no me imagino obteniendo números rojos (hablando metafóricamente, de otro modo los economistas se reirían de mi), y es que después de todo, pese a cualquier cosa y contra todo lo malo que me puede haber pasado (o no) sigo aquí y parece que siempre hay un mañana para hacer lo que no se hizo hoy… ¡Apa! suena un poco mal, como si el que hablara (escribe) fuera un perezoso, pero en realidad es una sensación, de que a pesar de que no he conseguido el cien por cien de lo que me propuse a esta altura del año anterior, siento que tengo un margen y que aún se puede alcanzar el mismo objetivo en este año que comienza, sin que repercuta en el tanteador global que se pensó (que pensé) a largo plazo. 

Hace unos días, entre las felicitaciones de Navidad un amigo “re-apareció” y tuve el gusto de poder conversar con él después de un tiempo. En lo que nos poníamos al día me preguntó cómo cerraba el año, y en principio me contuve para responder por que si bien encuentro cosas buenas que me dejó este 2014, rápidamente pienso que mi objetivo (más que nada el académico) no fue alcanzado en su totalidad. Admito que en mi caso es normal planificar de una forma el año lectivo y terminar ejecutando con mucha menos ambición, pero al margen de eso, este año deja el sinsabor de la frustración, de haberlo intentado y no logrado, o peor aún, de haber hecho mal las cosas casi sin darme cuenta. Pero en medio de esta amargura que implicaba explicarle a mi amigo que las cosas una vez mas no habían salido como yo quería, me tranquilicé pensando que aún se puede. Por una vez (por esta vez) prefiero ser el de la esperanza y no el de los hechos, el optimista en vez del realista… dirían otros.

La cuestión es que de golpe cambió mi forma de ver ciertas cosas (todavía no me animo a decir “todas” las cosas) y por eso la introducción con un texto que encontré de Eros Ramazzotti, que entre algunas cosas quizás demasiado “poéticas” dice otras un tanto alentadoras y en las cuales creo que vale la pena pensar un poco. Quiero concentrarme en lo que dice a partir del segundo párrafo porque tiene un poco de esto que les vengo contando. Aclaro que lo cito por que casualmente, mientras maduraba estas ideas en mi cabeza a lo largo de estos días, doy con dicho texto, en el libro de canciones de un álbum que me regalaron.

(ésta es una burda traducción mía, no necesariamente literal, no soy experto en italiano pero creo que tampoco le voy a errar por mucho :-). El traductor de Google ayudó)


Nadie debe abstenerse de soñar como tampoco de amar. De dejar correr la imaginación. De aceptar la derrota para poder levantarse más fuerte que al comienzo. Redescubriendo la luz del universo en nosotros mismos.


Entonces, ¿No valen más las cosas malas de este año (y de cualquier otro) que nos comprometen con nosotros mismos, para mejorarnos, fortalecernos? ¿No tiene más sentido la derrota que nos obliga a aprender algo? ¿Y no deja de ser derrota acaso, no una total al menos, si es que obtenemos sabiduría de ella? No es que espere su respuesta, aunque con gusto la leería, pero es interesante plantearse que todo puede ser una derrota y que toda derrota acarrea otro tipo de triunfo (en cierta forma), quizás más reconfortante y constructivo que la victoria que no se obtuvo. Y no es que haya descubierto algo nuevo, por supuesto, no voy a re-inventar la rueda, pero me gusta cuando la vida nos propone experiencias que refuerzan ciertos conceptos… 

Es obvio que las cosas malas, a veces cosas terribles, son las que menos queremos recordar, las que más duelen, o más daño causan, pero de eso se trata, de sacar los mejor de lo peor. Hoy me tocó picar un ananá para la ensalada de frutas, y tenía una parte que parecía estar podrida y peor aún, la parte buena tenía un sabor ácido… costó trabajo pelarlo con un cuchillo casi moto, para descubrir que prácticamente era inutilizable, no hablemos de lo que pagamos por él como para tirarlo pleno a la basura. No desesperé, le saqué todo lo putrefacto, en la medida en que se pudo, lo piqué como si fuera el mejor ananá del mundo y le agregué un poco de azúcar para que la absorbiera antes de volcarlo en la ensalada… y claro, esto es una insignificancia al lado de algo realmente malo. Es fácil sobrellevar medio ananá perdido y nada tiene que ver con la desgracia que otras personas atraviesan… ¿O no? Pregunto en serio… ¿Tiene poco que ver? Tiene tan poco que ver como cada uno quiera. Los problemas no son ni pequeños ni grandes si no hay quien quiera resolverlos… digo yo… además la analogía me pareció tan buena como risoria.

Digo, si nosotros somos los jueces de nuestro hacer, si la ganancia depende de nosotros y es para nosotros, ¿No conviene hacerla grande y positiva? Al menos positiva, no necesariamente grande. Pero si haciendo un balance de lo hecho, y lo que falta hacer, lo que conseguimos y lo que nos quedó pendiente podemos elegir que el final sea feliz (con algunas promesas de por medio) o triste mientras nos azotamos a nosotros mismos por no haber cumplido ¿Por qué elegir lo segundo? Bueno, no hay una respuesta, o si la hay es una muy tramposa, si a nuestra conciencia le parece necesario quizás los mejor sea pasar por todos los estados, y así se confirmaría lo que les digo: encontrar en lo que se fracasó, languidecer, reflexionar, aprender, fortalecerse y re-plantearse los objetivos, entonces cualquiera sea el caso, cualquiera sea el saldo al final del balance, el cuento siempre puede acabar bien, si se tiene la suficiente paciencia, la suficiente visión y fundamentalmente si se quiere ;-). Suena un poco trivial, un poco forzado, pero como todo lo que suelo decirles, es un punto de vista, una sugerencia, un consejo no pedido de los que bien se dar…

Termina el año, es un buen momento para terminar otras cosas, abandonar ciertas ideas en lo profundo de nuestras mentes, terminar de madurar algunas, no creo que sea el único camino, pero sí creo que está entre los más fáciles, alegrarse por lo bueno que sucedió o sucede, reflexionar sobre lo malo y siendo que estamos respirando mientras pensamos o leemos esta monótona entrada, encontrarnos fuertes porque aquello doloroso que pasó ayer, o pasa hoy, no pudo con nosotros, no está pudiendo, porque hasta que no estemos muertos no podrá y hasta entonces, cada segundo que respiremos puede ser nuestro pequeño triunfo, algo insignificante pero celebrable en principio, para luego encontrar un bienestar mucho más general. Espero que el brindis de media noche, sea para uds el click que hace falta para pasar de página y que el balance sea positivo más allá de todo. Que el vibrar de las copas al chocar, sea el toque mágico que se lleve lo malo, dejando sus lecciones y reafirme en nosotros los buenos momentos de este ciclo que se va. Y no les deseo esto para que comprueben que tengo razón, no… se los deseo porque me gusta creer que hoy cada uno tiene la oportunidad de encontrar la forma de renovarse, de ubicarse en el proceso de sus vidas y retomar las riendas de ésta. Mal que nos pese, un año nuevo que llega es la excusa perfecta para un nuevo comienzo, no importa si es el comienzo número 27… es un “nuevo comienzo n°27”, y no hay por qué no ser un poco optimistas. Un profesor de la secundaria solía decir que había que apuntar bien alto, para que el tiro salga un poco más abajo pero igualmente alto. Facundo Cabral decía “vuele bajo, porque abajo está la verdad”. En fin… uds vean.

(volviendo a la traducción, 3er párrafo)

Teniendo también el coraje para cambiar, sin avergonzarse nunca por haber dado o recibido una caricia, o haber disfrutado de una buena palabra…
Es esto que a veces falta en este mundo que es y será siempre hermoso
E. R. (no es Esteban Ramiro jeje)
Esto último  se los dejo a su interpretación.

¡Feliz 2015!

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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Ser bueno, es gratis



Y aquí estoy, saliendo de la nada, sin que nadie me pregunte y quizás para que nadie me escuche, diciendo lo que creo que tengo para decir. Y en realidad esta vez, alguien me pidió que escriba, así que por ese lado estoy un poco exonerado. Dejemos mi calidad para hacerlo o la capacidad de juicio de quien me autorizó a un lado. Hagamos esta lectura una de esas “excepciones de Navidad”. Pareciera ser que siempre somos más tolerantes en Navidad ¿O no?
                 
          Nunca me llamó la atención el hecho de que parecemos mejores personas en esta época. Creo que siempre me limité a encontrarme a mí mismo rebalsado de buenos sentimientos y con ganas renovadas de hacer lo mismo de todos los años, reunirnos con la familia, algunos tíos y primos que veo pocas veces durante todo el año, cenar en noche buena, brindar, reírnos de alguna anécdota de la familia (de a poco, cada vez más repetidas) y san se acabó. Almorzar juntos el 25, con las sobras de la cena y con las pocas personas que aún tienen ganas de volver al punto de encuentro… bueh, muchos detalles, el punto es que siempre espero ese momento, siempre quiero que estén presentes todos los familiares y me duele un poco cuando alguno adelanta que no estará, a veces esa espera me ha llevado a pequeñas decepciones, cenas en familia que “no dieron la talla” y dejaron -irónicamente- un sin sabor. Pero me es  inevitable estar hoy esperando por la cena de noche buena, y quiero creer que es una sensación general, no sé si mayoritaria pero al menos en mi entorno, noto que la gente se mueve en las mismas líneas, viajan para encontrarse con sus familias, cuentan lugares en la mesa, se dividen los menues, lavan los manteles y preparan la mejor vajilla y hoy alguien me propuso que piense en por que estas cosas no se hacen en cualquier otro día, o mas aun, todos los días ¿Por qué somos buenos y condescendientes solo un día al año?
                
           Tengo varias hipótesis, pero en todo caso no importa cuál es la razón. El verdadero punto es que no hay razón para no ser mejor persona todo el año. Y siendo esta la época que es (una de balances y reflexiones) me parece importante plantearles algo en que pensar: “ser bueno, es gratis y el 99% de las veces, si se sabe esperar, paga bien” y si, cualquier argentino, sepa o no jugar al truco, inmediatamente me cantaría retruco, “que si sos bueno te pasan por encima”, “que das la mano y te agarran el codo”, ”que ser pícaro es mejor”, y capaz que algún canchero (estamos llenos de esos) me dice “ser malo, también es gratis”. Y no tengo miedo a decirles que tienen razón, pero no me iría al mazo tan fácil.

En el peor de los casos, mi intención no es convencer a nadie, pero si al menos sembrar una semilla, ni siquiera importa si soy una buena persona (para fines didácticos, por favor, uds crean que lo soy ;-)) solo importa si ustedes son capaces o no de ser mejores, y de hacer mejores cosas por las personas que los rodean, la clave es esa, que ustedes eligen a quien hacerles bien. Si son de las personas que en estos días dejan de lado algunas diferencias para sentarse en una mesa a compartir, entonces quizás no vean mucha diferencia en hacer algo bueno por alguien en cualquier otro momento del año. Quizás ahora mismo están pensando “por supuesto que soy bueno” y/o “por supuesto que hago cosas buenas por los demás, todo el tiempo”, si ese es el caso, y si es verdad los felicito, pero los invito a mejorar eso, a preguntarse si realmente son tan buenos como creen y cualquiera sea la respuesta, los incito a que se propongan mejorar.

¿Cuál es el punto de todo esto? ¿Qué gano yo? ¿O cuál es mi fundamento/experiencia en el caso para venir a sugerirles tal cosa? Bueno, el punto es bastante simple, si dos o tres personas leen esto y salen dispuestas a hacer algo bueno por los demás fácilmente se puede crear una “cadena de favores” (como en la película) que llegue a muchas personas. Es utópico lo sé, pero es que en realidad estas cosas, estos conceptos, están ahí, solo hace falta gente que crea, y a veces es necesario ampliar los canales por los cuales estas ideas llegan a esas personas (que van a creer). Imagínense si en la escuela, en vez de darnos para estudiar las tablas de multiplicar, nos enseñaran más a ser buenos, o los beneficios de serlo. Porque no conozco gente que cuestione que 2x2=4 y seguramente estas personas nunca pensaron porque “2” significa “2”. Pero ahora, alguien habla de hacer el bien y parece una fantasía destinada al fracaso… y si, un poco está destinada al fracaso porque el mal es necesario para que se haga el bien. El día que todos seamos buenos, nadie lo será realmente. Es como la segunda ley de la termodinámica (para los que la entienden). La propuesta es que en vez de dejar de hacer las cosas buenas porque la mayoría no las hace o porque alguien más las hará, las hagamos nosotros, aunque sea pensando en que tienen un impacto verdadero en el mundo (porque esa idea realmente motiva y puede ser tan cierta como nosotros creamos) y que algún día este aporte positivo se retribuirá hacia nosotros. 

Empiecen con lo simple, una acción mínima con una retribución inmediata, esta noche por ejemplo, llenen uds las copas, cuando alguien les agradezca, celebren un pequeño triunfo (“lo bueno vuelve”) si les dan las gracias y le sonríen mucho mejor, y me pongo exigente, sonrían uds de nuevo ¡Y siéntanlo! Parecerá infinitamente poco al comienzo pero es solo un ejercicio propuesto en este trabajo práctico anual de “hacer el bien” y el único parcial a aprobar será el balance del año que viene que para colmo, uds mismos corrigen. Visto así parece muy simple, entonces díganme ¿Por qué no? Y retomando las preguntas anteriores ¿Por qué si? Bueno, personalmente porque creo que hace falta y si no, tampoco nos viene mal que sobre. A mí me gusta creer que a la gente buena, le pasan cosas buenas, y siendo que no cuesta nada servir una copa, sonreír, dar gracias, ceder un asiento en el bondi, compartir esta publicación, no tirar papeles en la calle etc… de golpe, procurar ser alguien bueno parece ser demasiado fácil para dejarlo pasar. Si a eso le sumamos la convicción de que lo bueno vuelve, es un negocio irresistible. Y si todo sale bien, a corto plazo nos encontraremos con alguien queriendo hacer el bien por nosotros y a largo plazo nos marcharemos de este mundo dejando una huella en alguien. Si todo sale mal, la cosa no va a cambiar demasiado de como está ahora… 

Que gano yo con esto: bueno, estaría bueno llegar al premio Nobel de la paz jajajaja. Pero si solo logro que 10 personas lean y al menos 1 comparta será un principio.

Cuál es mi experiencia: bueno, quizás tenga mucha experiencia siendo bueno, o quizás ninguna, pero en tal caso, importa tanto como ustedes crean que importa. Insisto con un ejemplo anterior, ¿Acaso alguno de ustedes exigió ver los diplomas de sus maestros de la primaria? No importó cuan preparados estaban ellos, que tanto sabían, pero seguramente hoy todos sabemos leer, escribir, sumar y multiplicar (no así dividir por números de dos cifras, por alguna razón eso parece ser la excepción de la regla jeje). Fue cuestión de creer en ellos, quizás sin pensar que aprender era un acto de fe, de confianza en quien nos enseña. Y al margen de ese argumento, esto es solo una propuesta, un tómalo o déjalo, las personas que ustedes ayuden no vendrán a darme las gracias a mí, ojalá que a ustedes sí. Porque ese es el verdadero fin, repito y resumo: hacer el bien, que lo bueno vuelva y que cada vez sea más verdad y más fácil que “a la gente buena le pasan cosas buenas” y todo, pero todo lo demás se vaya bien a la… 

Si, esta pequeña idea tiene miles de falencias por todos lados, es más fácil (tal vez) pensar que es imposible, que la gente es avara y mezquina por naturaleza y que nadie vale un buen gesto y que todo este amor y cursilería de estas épocas es una “careteada”, un acto típico de nuestro cinismo, un “truco comercial”. Si, lo malo también está y esto desemboca en otro “principio” en el que creo: “estamos como queremos”. Ustedes eligen con que quedarse, pueden ser pro o contra esta idea. La única diferencia, según mi creencia, es que ser “pro algo” es mucho más fácil que ser “contra algo”, y que las buenas sensaciones son más placenteras y/o duraderas que las malas.

Por favor, disfruten de este amor que nace en ustedes y en su entorno hoy y esta semana. Reflexionen, re-planteen sus objetivos, busquen esos pequeños triunfos de los que les hablé por que partiendo de pequeñas cosas se puede llegar lejos, eso no lo digo yo, si no la física misma de las cosas. Aprovechen este tiempo en el que parece ser más fácil ser buenos para disfrutar lo que se siente y quizás… talvez… puedan pensar en que esa sensación se extienda durante un mes, durante un año, durante una vida. No se queden con los fracasos, si no con las lecciones que estos acarrean. Compartan lo que crean que hace bien, sean felices y procuren ayudar a los demás a serlo, y aprendan a gozar y llenarse de la felicidad de ellos.

¡Felices fiestas a todos!

 

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domingo, 19 de octubre de 2014

Por mi deuda insaldable, ¡gracias!



Voy a hacer una pausa en mis reflexiones basadas en mi experiencia de cuarto de siglo… hoy es un día especial como tantos otros (pronto tendremos el “año feriado” jaja) en nuestro país. Celebramos el día de la madre y se me ocurrió que es una buena oportunidad para derramar algunas palabras en el teclado y dibujar algunas lágrimas con suerte, de felicidad espero, en estos seres tan maravillosos que son nuestras madres.


En particular me siento el hijo mas afortunado del mundo aunque tengo asumido que cada uno de nosotros nos sentimos siempre así. Pero con el perdón de todos uds, sé que mi mamá es la mejor jajaja.

¿Qué sería de nosotros sin nuestras madres? Fácil, nada, no seríamos. El mundo es inconcebible sin madres, pero literalmente inconcebible, ¿o acaso uds escucharon hablar del padre tierra, el padre naturaleza y el padre patria? No. Esto tiene que darnos una idea de cuanto les debemos. Y es que literalmente y por lo menos, les debemos una vida.


Cuantos pantalones, medias, remeras y demás prendas de vestir habrían terminado en la basura, o lustrando los muebles si no fuera por tus agujas, tus cuidados y remiendos. Cuanta ropa que amaba hoy tendría si no fuera porque los considerabas insalvables e impresentables jeje. Si tuviera que pagarte por cada puntada que hiciste para cocer mi ropa y alguna que otra herida (metafórica) no se si me alcanza una vida.


Cuantas fiebres no se habrían ido sin tus pañuelos mojados a mitad de la noche, que ventaja que seas además de mamá, médica. Sumo a mi deuda insaldable, tus minutos (o segundos si queres) de desvelo. Por cada vez que tu sello y tu matrícula justificaron mis faltas a la escuela o al colegio.


En cuantos vasos de agua me habría ahogado si no fuera por tus consejos. Por cada brazada que diste en ellos para rescatarme.


Por cada valor que me inculcaste. Por cada temor que quitaste. Por cada sueño que apoyas y apoyaste. Por cada hora de trabajo que me dedicaste, porque conmigo fuiste y sos madre, pero fuiste y sos médica conmigo enfermo en casa y ayudando a la gente en la calle, para poner el pan sobre la mesa. A esta altura decir gracias es poco.


Por cada vez que me retaste, aun pienso que algunas veces fue injusto jajaja. Por cada vez que me castigaste. Por saber llevarme, educarme, criarme. Por ser la persona que sos y me hace a mi querer ser un hijo agradecido y con voluntad de pago hacia alguien que siempre dio tanto a cambio de tan poco.


Gracias por ser tan buena en eso de aprender a ser mamá, porque la vida, de un modo violento, no te dejó practicar antes de mi llegada. Gracias por ser una mamá distinta e igualmente especial con mi hermano. Por hacernos entender que el cariño de una madre tiene distintas formas y puede ser igualmente inmenso y adaptable a las necesidades de cada hijo.


Gracias por dejar de fumar.


Gracias, gracias, gracias y mas gracias… hoy empeño mi vida a cambio de gratitud. Cosa irónica si las hay, porque todavía te la tengo que pagar a vos.


Gracias por lo que se que hiciste por mí, y por lo no me enteré, pero hiciste por mi. Porque ser madre también tiene esa parte de “trabajo sucio”, “invisible”. Los juguetes no se levantan solos, los platos no se lavan ellos mismos ni las camas se visten por si solas, mucho menos se renuevan en sabanas limpias. El ropero tiene fondo, por poner algunos ejemplos.


(paréntesis dentro de paréntesis)


No puedo evitar pensar que hoy en realidad debería ser el día de los padres, y el 3er domingo de Junio también jaja. Mamá, no serías mi mamá sin papá. Así que tengo que decirlo: gracias papá por ser la otra mitad de mis 46 cromosomas… o algo así era… cada vez que pienso que le debo mucho a mi madre y que ella me enseñó todo, siento que debo agregar o corregir, les debo todo (o el 90% de lo que soy) a mis padres y ellos me enseñaron a ser lo que soy, y a seguir aprendiendo a ser.


(Ahora si)


No se me ocurre financiación que me permita pagar todo lo que me dista, das y darás. Mi plan viene en cuotas ó, para hacer juego, mi tratamiento incluye varias dosis, la prescripción incluye varias ideas: básicamente quererte, devolver en el formato que pueda, todas la ayuda que supiste darme. Tratar de estar. Esforzarme por retribuirte, pero fundamentalmente y creo que es mi mejor propuesta, hacerte trascender, enseñar a cuantos pueda todo cuanto me enseñaste y que en cada uno de ellos quede, aunque implícito, un poquito de vos. Es un poco raro, porque no es precisamente una devolución hacia tu persona, pero quiero creer que es una extensión de ella. Hacerte infinita en todos, mostrarme diciendo desde aquí vengo y si vengo es porque mi madre me dio esta oportunidad. Te propongo ser un buen hijo en la medida que mi humanidad me lo permita, para que algún día sientas que puedes descansar, sabiendo que cumpliste con honores la labor de ser mamá.


¡MUCHAS GRACIAS EMA VELEZ!


Agrego otro párrafo, no duden en decirle cuanto quieren a su mamá. No dejen pasar esta oportunidad. Es obvio que ellas trabajan 24x7x52 (aproximadamente) para nosotros, sin domingos ni feriados y que cada día se les debería agradecer, pero suponiendo que es una tarea “difícil” de cumplir, que por lo menos hoy no falte ese detalle, que hoy no falten esas palabras, ese beso y ese abrazo si se puede. Porque, insisto, no estaríamos aquí si no fuera por ellas, no seríamos ni los restos de un vago recuerdo si no fuera porque ellas en algún momento tomaron una decisión y la convirtieron en carne, en una parte de ellas correteando, llorando, riendo, creciendo por ahí. Así que hagamos algo por ellas, aunque sea esta vez. Créanme que el mínimo beso cuenta, hay que animarse nada mas. 

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sábado, 11 de octubre de 2014

Hoy y aquí me considero feliz y hoy y ahora lo quería compartir con ustedes



Uff… cuanta ausencia. Retomé las actividades en la facultad y me ha costado sentarme a escribir. Igualmente pensar sobre qué hacerlo. En ese sentido tuve una pequeña epifanía y tengo una idea, pero no me imagino desarrollándola ahora mismo en más de un párrafo o dos.

Estaba pensando, o mejor dicho, me cayó cual ficha en un arcade, el concepto de felicidad que manejamos y como creemos que siempre hay que buscarla, alcanzarla. Creo que lo primero que viene a la mente cuando pensamos en felicidad, es que es algo ajeno a nosotros, algo que todavía esperamos encontrar o peor aún, algo inalcanzable… está bien, en todo caso no vengo a “re-definir” la felicidad, pero últimamente me encontré sonriéndole a la nada llamándome feliz y se lo atribuyo a un par de ideas en las que creo fervientemente y me gustaría compartirlas con ustedes.

Entonces, ¿Ustedes son felices? (todavía sueño con tener lectores o mejor todavía, gente que discuta, responda ¡ja!). Antes de entrar en mi verborragia quizás les convenga preguntárselo y planteárselo concienzudamente.


Yo creo que la felicidad es un estado que comienza con una decisión: querer estar bien, sentirse bien, querer ser feliz, y que sigue con las cosas que hacemos para conseguir ese estado pero siempre como algo inmediato, algo de ahora y no un objetivo a alcanzar luego de 10 años de carrera y 25 de trabajo y aportes para la jubilación. Repito lo que dije en otra entrada, nos hace frio y vamos por un abrigo, ¿no podemos entonces actuar de ese modo para llegar finalmente a nuestra ansiada y esquiva felicidad? Siguiendo esa línea, pienso que cada uno está como y donde quiere estar. Como quien tiene frio pero a la vez tiene pereza de levantarse por un abrigo, a veces no queremos hacer el balance de soy feliz o no y resumimos en un tibio “estoy bien”, “mañana será”. Y si hacemos el balance, ¿porque lo malo tiene que pesar más que lo bueno? Creo que el común de las personas antepone lo malo sobre lo bueno y… por malo que sea lo que nos acontece, me da la impresión de que solo buscamos motivos para decir que estamos mal o que lo mejor (la felicidad) está por llegar, como si esa esperanza fuera lo que nos mueve.

Y no digo que esté prohibido estar mal, no. Es una opción, valida y viable, después de todo no entenderíamos la felicidad si no hubiera con que contrastar, pero hay que ser más exigentes (creo yo) con la línea que separa el querer estar mal, el necesitarlo para poder luego “resurgir”, con el “estoy mal porque no puedo estar bien”. No importan lo que me digan, soy alguien que discute a muerte (por defecto) y mucho más si alguien me dice “no puedo estar bien”. Entiendo los “no puedo estar bien” de la gente cuando están pasando por algún duelo, la pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación, desaprobar un examen,  pero no los entiendo cuando me dicen que les hace frio pero no quieren levantarse a por un abrigo (metafóricamente hablando). Y tarde o temprano, las situaciones de duelo, se convierten en eso, una costumbre que nos aferra a la tristeza, por falta de ganas de querer empezar a ver el lado medio lleno de las cosas. Siempre, pero siempre, hay un lado medio lleno y me dirán conformista, pero yo pienso que aquel que siempre mira el lado medio lleno, siempre es feliz (idealmente). Entonces, si alguien puede, ¿Por qué yo no? ¿Por qué privarme de esa sensación? Sin embargo me asombro cada vez que escucho a una persona responder a la “potencial felicidad” con los típicos “no tengo tiempo”, “no tengo dinero” etc. Muchas veces alguien acude a mí con un problema, solo porque estoy a mano, no porque sea experto en resolverlos, y cuando les doy una respuesta, una posible solución, responden que no tienen tiempo/dinero, entonces (quizás) les propongo otra solución, y vuelven a replicar alegando que no pueden llevarla a cabo y así sucesivamente. Y si uno les pregunta, este problema los angustia y empuja al borde del suicidio, pero tampoco quieren hacer lo necesario para resolverlo.  En esas circunstancias pienso para mis adentros que esta gente miente, no pueden estar de acuerdo con la no solución del problema y con la existencia del mismo. Y es que para mí, o la piedra en el zapato molesta y me ocupo de desatar mis cordones, sacarme la zapatilla, buscar la piedrita que en el pie se siente como una cabeza de las de la isla de pascua, sacarla o sacudir la zapatilla para que caiga, y si, gastar energías, quizás perder el tiempo, o pasar vergüenza en la calle con una media agujereada, pero la piedra en la zapatilla dejará de existir y podre ser feliz, caminar en paz, o bien aprendo a tolerar el dolor, o deformo mi manera de pisar para que no moleste o no duela tanto, no importa cual opción escoja, pero con alguna debo estar de acuerdo y en lo óptimo, estaré de acuerdo con la idea que llevaré a cabo y en ese “estar de acuerdo” entra el “soy feliz” y no entra el “voy a estar malhumorado, con mi ceño fruncido, y si alguien me pregunta, soy el ser más desdichado del universo”. La próxima vez que se escuchen diciendo “no tengo tiempo” o algo por el estilo, cada vez que pongan una excusa, re-analicen si mienten con la excusa o si en realidad no hay algo que los aqueje y los “motive” lo suficiente para que salgan en busca de una solución. Y si nada los aqueja, entonces aprendan a llamarse felices y ver las cosas de otro color (no necesariamente rosa). Me gusta pensar que así vamos a vivir más años :-) e indiscutiblemente felices.

Estaría bueno que me planteen (o se planteen) porque pensarían distinto, porque en cierta forma, hablaría de ustedes tratando de ser infelices, o de tener razón en que lo son, o de que están acostumbrados a serlo, lo cual para mí sería simplemente otro nivel de felicidad, pero felicidad al fin, porque insisto, estamos como queremos. Una vez, un tío a quien respeto mucho y me ha enseñado algunas de estas cosas, sin querer supongo, me ayudó a entenderlo. Me preguntó como estaba, y yo, pretendiendo ser un superado le contesté: “mal, pero ya es normal en mi” queriendo reflejar que no me sentía feliz, y que la felicidad siempre me esquivaba. A todo esto él respondió: “¡Ah! Entonces estas bien”. Pues claro, si estaba en mi estado de “normalidad” entonces tenía que estar bien. Un estado "A-normal", lo hubiera preocupado quizás, pero al decir lo que dije le di a entender que estaba bien. Y su interpretación e indiferencia, en principio me indignó y luego me pareció ridículamente lógica. La misma persona, en otra oportunidad, me hizo notar lo que les decía antes, de que ponemos excusa para hacer las cosas que aparentemente demanda nuestra felicidad. En otra conversación, donde pasaba por algunas dudas existenciales sobre mi mismo, mi tío me recomendó un libro (de autoayuda) y respondí que no tenía el dinero para comprarlo. Otra vez, con cierta indiferencia y resumiéndolo un poco, me dijo: “entonces no estás tan mal, si te estoy dando la respuesta pero no queres implementarla”, insití fervientemente en que no tenía plata ni de dónde sacarla, él se aferró a su idea también. Basta decir que al día siguiente compré el libro para comprender que tenía razón, y vaya sorpresa, el libro mencionaba esta idea de que siempre ponemos excusas como “no tengo tiempo” o “no tengo dinero” cuando en realidad lo que no tenemos es ganas, o una incomodidad (infelicidad) tan grande que merezca el esfuerzo. Así aprendí que no hay que posponer la solución de problemas que creemos importantes o no hay que creer importantes problemas que no queremos resolver. Así aprendí a ser feliz.

Ufa… se hizo larga la cuestión, y quizás es porque pasó mucho tiempo desde la última vez, o el hecho de no haberlo trabajado en mi mente hizo que la improlijidad se traduzca en 1400 palabras (1367 hasta aquí) que podrían ser 1000, 1200 si fueran eficientemente seleccionadas. Pido perdón por eso.

Y concluyo excusándome también si parezco un pedante superado en esto de YO SOY FELIZ, en realidad, como uds también tengo mis momentos de debilidad (por llamarlos de algún modo) pero me siento afortunado de poder decir que cada vez son menos, y menos frecuentes. Al mismo tiempo les remarco que no me considero un experto, pero hoy y ahora, me considero feliz y lo quería compartir aquí y ahora con ustedes.


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