sábado, 9 de mayo de 2020

Mirando la nada, pensando en la cuarentena.


Hace unos días empecé a leer un libro y en algún párrafo al inicio decía algo así como: “si hubiera esperado la inspiración para escribir, hubiera escrito otro libro distinto a este” como haciendo alusión a que, si dependiera de esperar un plumazo de “brillantez literaria” para escribir algo, el resultado sería uno y no aquello que terminó por convertirse en su producto, su libro.

Me hago eco de ese concepto para sentarme a escribir sin una idea totalmente clara de lo que quiero decir… sin ese plumazo.

No, no voy a escribir un libro ni mucho menos.

Tengo el despojo de un recuerdo de haberme introducido a mí mismo con anterioridad con esta disculpa de la falta de inspiración… en tal caso discúlpenme de nuevo. Digamos que es la cuarentena jaja.

Hoy un amigo me preguntó como la llevaba con la cuarentena y mi primera respuesta fue una que surgió del análisis de los primeros días de iniciada esta circunstancia: “es como mi vida en Tucumán, que no salía más que a la facultad y al super”. Para mis adentros pensaba en realidad, como buen ingeniero; (vida en Tucumán+barbijo)*(trabajo/facultad)*(1+limitación basada en terminación de DNI) = mi cuarentena.

No es cierto, no pensé eso, acabo de inventarlo, pero podría ser, podría haber sido.

El siguiente pensamiento fue, y se lo comenté: “me di cuenta que había muchas cosas que SUPUESTAMENTE planeaba hacer, pero lo postergaba y lo postergaba para cuando ‘TENGA TIEMPO’, pero resultó ser qué, y calculo que hoy no es una sorpresa para nadie en cuarentena, teniendo todo el tiempo del mundo, figurativamente, tampoco las hacía. NO QUERÍA HACERLAS. Incluso a veces era una cuestión de “bueno, pero puedo hacerla luego, hay tiempo”

Una de las primeras cosas que comprendí de mí mismo en esta cuarentena es que había proyectos, planes, ideas que PENSABA QUE QUERÍA pero que al mismo tiempo o, inmediatamente después de haber pensado que las quería o que las haría, encontraba una razón para postergarla, para encasillarla adelante en el tiempo, en el “después de” de otra cosa.

A ese proceso de pensamiento, desmenuzado así, alineado de esa manera, yo personalmente le llamo: NO querer. Corta. Eso que decís que deseas tanto no lo deseas tanto si siempre estas posponiendo la primera acción que te acercaría a conseguirlo. Y no está mal… no tiene nada de malo no querer algo, lo que está mal (según yo, ojo) es mantenerte en la incoherencia, en el estrés, en la angustia que te genera decirte que quieres algo y al mismo tiempo decirte que no es el momento todo el rato. Siempre puedes hacer algo para estar más cerca del objetivo o simplemente estar en paz con que realmente no quieres eso y en cambio, disfrutar lo que si estás haciendo, que por algo lo pusiste en prioridad, por algo no lo pateaste para después, no lo postergaste incluso antes de empezar.

Y es como que tuve toda esta charla conmigo mismo mientras me escribía con mi amigo y lo junté con su pregunta un poco traducida a un lenguaje más coloquial “¿Qué estás haciendo en esta cuarentena?”. Pensé que en términos socio-culturalmente auto impuestos (porque la sociedad dispone pero uno elige lo que se impone) la respuesta más sencilla sería: NADA, no estoy haciendo NADA.

Y lo primero que me provocó esa idea fue: “¡Qué vergüenza!, no está haciendo nada. ¡SHAME!¡SHAME!¡SHAME!” (ver también GOT S5E10) y cuando pensé en mí mismo no haciendo nada y quise empezar a preguntarme “¿Por qué eres así?” recordé algún momento de mi vida, siendo mas chico, bastante mas chico, diciéndome que al ser grande quería dedicarle tiempo a ciertas cosas, cosas que veía que los adultos a mi alrededor no hacían, pero a mí me gustaban mucho, bastante, como por ejemplo el ocio…

Me di cuenta que con el paso del tiempo había dejado un poco de lado esas ideas inocentes, por ponerles un nombre, y había cambiado mi enfoque a uno mas “maduro” dirían los adultos de aquella época, uno mas alineado con esto de “para ser exitoso tienes que trabajar duro, perfeccionarte siempre, ganar mucho dinero, tener una familia”, conceptos de desarrollo personal que casi siempre, o siempre, lo ponen a uno en esa carrera infinita contra uno mismo (o contra el adulto que uno cree que los demás esperan de uno ¿?) de “todavía no llegué ahí, no estoy teniendo familia, no gano mucho aún, no se lo suficiente”.

Además descubrí como normalmente dejo que lo que hacen las demás personas a mi alrededor me influencie a la hora de auto juzgarme y como con una innecesaria facilidad me reprocho al estilo de “¿Por qué no hago eso que él/ella está haciendo?” una especie de envidia que me programa muy fácilmente cada vez que veo a alguien haciendo algo que mínimamente me gusta… es decir, si veo alguien leer un libro me reprocho “¿Por qué yo no leo libros como él/ella?” veo alguien ascendiendo en su vida laboral y pienso “¿Por qué yo no trabajo mas duro o me perfecciono para poder ascender?”, veo alguien que viaja por el mundo y… ok, ya lo entienden. A esta carrera infinita me refiero, al siempre querer algo más, a siempre estar insatisfecho con lo que ya se tiene, ya se hace, o a ni siquiera considerarlo en la ecuación. Porque es como que en realidad ni siquiera mido (quizás ni podría medir/comparar) si lo que yo hago en mi día a día es más importante/signo de éxito que lo que el otro hace, simplemente quiero lo que el tiene, lo que el MUESTRA o ME CUENTA que consigue, y probablemente hasta piense que lo consiguió fácil (pero eso es historia de otro post).

Por Dios… surgen tantas líneas de pensamiento, tantas preguntas… respirá.

¿Por qué creo que él/ella es más exitoso/a que yo? ¿talvéz porque gana mas dinero? ¿O porque viaja alrededor del mundo? ¿o porque tiene una familia? ¿Por qué aceptar que esos son los parámetros que separan los exitosos de los no exitosos? ¿Acaso se cuanto gana esa persona? ¿Y si esa persona gana mucho mas que yo, pero su vida cuesta significativamente mas que la mía y el final los dos queremos lo que el otro deja ver? Yo su dinero y él/ella mi prístino resumen financiero o mi abundante tiempo de ocio ¿?.

¿Y si decido llamarle éxito a la capacidad de estar en paz con mi presente? Algo como, Exitoso: Dícese de la persona que alcanza un estado de no urgencia ni necesidad, aceptando que está donde quiere estar y que con el correcto enfoque puede estar en cualquier otro lugar donde desee sin que esto irrumpa con la paz anteriormente mencionada.” ¿Qué tal?

Por otro lado, y agregando más reflexión a la reflexión, ¿Cómo se que mi paz con mi presente no es un estado estéril de conformidad destinado a (lo que muchos llamarían, incluso un yo del pasado) la más mundana mediocridad?… otra palabra, más preguntas ¿Quién dice y porque lo que es mediocre?

..........

Siempre me pregunto quien establece estas definiciones que llamaría sociales, culturales… siempre pienso que hay una sociedad que espera que haga esto o aquello y de pronto… ¿Hay una sociedad esperando eso? ¿Hay una sociedad que esta atenta a lo que hago o no, lista para encasillarme como exitoso o mediocre? Y si la hay, ¿Dónde puedo chequear en que casilla estoy? ¿Hay un ranking? ¿Un Instagram donde cada año postean las fotos de los 7625millones de habitantes en orden de éxito en una escala estandarizada para medir el desarrollo personal? ¿No sería contrario a la productividad de alguien exitoso scrollear en un IG con 7625millones de fotos para chequear en que lugar está? Para los 12 primeros bastaría con entrar a feed y verse ahí supongo… ¿Porque pienso que el ranking debería ser anual? Uff...

..........

Quizás con esos pensamientos nos referimos a que nosotros mismos nos sometemos a la presencia de una “selección natural-social” que a través de lo que la gente hace con sus vidas decide quien llega lejos o quien no. Como si los títulos universitarios fueran las alas de las cucarachas. Claro, es el caso del vagabundo diciéndome “obvio que yo no quiero estar aquí, pero la sociedad dice que sin trabajar y ganar dinero no puedo ser mas que un vagabundo” yyyyyyyyyyyyy… la verdad que no, pareciera que sí, pero no.

Voy a tratar de explicar(me) esto último en un solo párrafo (spoiler alert: un párrafo largo).

Detrás de cada presente hay decisiones, ni siquiera hay que ponerlas en un plano de incorrectas-acertadas, decisiones. Hubo un día, un momento, un segundo donde había que elegir entre buscar trabajo, estudiar una carrera, o comprar comida en vez del traje para la entrevista para el trabajo y se tomó una decisión y esa decisión sumada a otras te llevó al lugar a donde estas hoy… quizás alguien me diga (y me lo dijeron) “claro, pero yo no tuve unos padres dispuestos a pagarme mi carrera universitaria que me garantice un trabajo, yo tuve que salir a trabajar”. Y se me ocurren varias respuestas, podrías haber trabajado y estudiado para tener un mejor trabajo, podrías haber apuntado a un mejor trabajo (si el actual no te agrada), yo mismo podría haber elegido no utilizar el dinero que mis padres querían poner a disposición de que yo estudie y hacer algo mas (lo cual creo que ellos habrían considerado un error), yo mismo con título y todo podría decidir vivir en la calle y atacando la raíz de su argumento responder que no me puedo hacer cargo de las decisiones que tomaron mis padres con su dinero o las que tomaron sus padres con el suyo que provocó según esa persona que no pudiera estudiar… siempre hubo decisiones.

Entonces puede que parezca que la sociedad te encasilla en la mediocridad dado que según sus criterios (o los que nosotros interpretamos que son sus criterios) no hiciste nada para no pertenecer a ese lugar, pero aún si así fuera, ¿Porque valerse de eso y quedarse en la inanición absoluta? Otra vez, o no estas queriendo ser mas que mediocre y por eso no haces nada (deja de culpar a los demás) o algo esta fallando… la pregunta entonces sería ¿Estaría mal ser mediocre y morir de inanición? ¿La sociedad podría tolerar vernos/verme ser mediocre? Y las respuestas para mí, hoy al menos, son “No, no está mal si es eso lo que anhelas” y “No, dudo mucho que la sociedad este dispuesta a tolerarlo y yo que vos me replantearía si vas a poder vivir en paz con el señalamiento constante o si preferís pasar mas desapercibido y hacer algo que quizás no te guste tanto como ser mediocre, pero si, mas que ser mediocre+ser juzgado”.

..........

1779 palabras… eso es lo que pasa por sentarse a escribir por escribir.

..........

Que saco en limpio. Bueno, a esta altura, que el cerebro humano es increíble para hilar todos estos pensamientos en los cinco minutos que duró el chat de WhatsApp con mi amigo y al margen de eso, que una vez más me encuentro a mí mismo abrazando esta idea de que la vida es ahora, está sucediendo ya mismo y no puede ponerse en pausa hasta que yo termine ese proyecto en el que me embarqué principalmente porque vi que todos lo hacían y que además, separa a exitosos de mediocres… ok, tampoco digo que hay que aprender a estar en paz con ser mediocres… no, pero retomo la definición inventada de exitoso, hay que ser claro con lo que se quiere y lo que no para hacer lo primero y no perder vida con lo segundo, y aprender a identificar y estar en paz con lo que se hace o no para alcanzar aquello que se quiere, aprender a identificar cuando estamos solo “creyendo” que queremos algo y como el “no hacer nada” por aquello que creemos que queremos nos está quitando el sueño. Y dejarlo ir, sin que ello vaya en desmedro de nuestro éxito. Hay que encontrar un equilibrio entre ambicionar cosas o querer conseguir cosas y estar en paz con lo que hoy se tiene, en disfrutar del momento que se está viviendo, el proceso por el que transcurrimos ahora y que puede o no estar acercándonos a ese objetivo. Un albañil no construye una casa en un solo día (Roma no se hizo en un solo día), un albañil, aún trabajando mucho, seguramente en algún momento entiende que debe comer, o dormir, y que si bien esas cosas no lo acercan directamente a terminar la casa, son (no digamos necesarias) cosas que quería hacer en el momento que las hizo, y es así como de repente dormir que sería literalmente NO ESTAR construyendo la casa pasa a formar parte del proceso de construcción de esa casa… esa casa también se hizo de alguna manera, durmiendo.

Así empezó todo esto, con la pregunta de la cuarentena me di cuenta que si bien no estoy haciendo nada en términos de mejorar mi situación económica, perfeccionar mi intelecto, o incluso hacer ejercicio, SI que estoy haciendo cosas que me gustan, cosas que cuando era chiquito me imaginaba que haría, jugar video juegos con mis amigos, ver series con mi pareja (tener pareja), sentarme solo a tomar mates, escribir algo (muy) esporádicamente y en ese sentido diría que estoy disfrutando ampliamente mi presente, quizás estoy en la parte de dormir de la construcción de mí casa. Francamente no lo se, pareciera que si, y, siendo sinceros, todavía tengo algunos arranques de “que mediocre” o “que poca ambición/cuanto conformismo” pero pero pero (con voz de @teloresumo), permitiéndome estar en paz, casi que diría “sí, estoy siendo mediocre ¿y qué?” y convencido de que mañana puede ser que estos arranques me molesten lo suficiente para entonces, decidir qué hacer al respecto.  


REL


miércoles, 14 de noviembre de 2018

La historia de como conseguí mi primer lapislázuli


El que quiere celeste que le cueste” …  
Yo quise celeste y si… costó.

Aunque yo estuve lejos de anhelar una pintura con un color procedente de un material raro y costoso o incluso de pensar en ganarme el cielo a través de un mas o menos tortuoso camino constantemente (más o menos) lleno de sacrificios. No. Yo solo decidí ser ingeniero. Podría haber decidido ser médico, carpintero, gerente de un banco (¿podría?). En este punto me refiero a que decidí seguir una carrera universitaria… la mejor: ingeniería 😉 jaja.

Y lo logré ¡Eureka! Costó, pero lo logré.

¿Cuánto costo? Veamos… (spoiler alert: no hablo de   $  )

Costó mudarse a otra provincia, con lo que ello implica, alquilar un departamento, alejarme de mis padres y mi hermano, de amigos, de familiares, de una por entonces novia…

Hizo falta encontrar alguien con anhelos mas o menos parecidos, alguien que quiera ir a otra provincia, alejarse de su familia, sus amigos, y su novio/novia si tuviese y que tenga el sustento económico de sus padres (como lo tuve yo) o el propio y lo quiera invertir en una preparación universitaria. Bueno, podía ser que simplemente quisiera ir a probar suerte en otro lugar… pero se entiende, y no fue mi caso.

Hubo que aprender a vivir solo y también a vivir solos. Conocer a fondo a quien creía que conocía (mi amigo compañero de departamento) y adaptarme… y enseñarle a adaptarse a la convivencia. Dividir las tareas de la casa… aprender las tareas de la casa…

Necesité aprender a administrar el dinero, a calcular cuánto va costar, aunque sea a grandes rasgos lo que se va acumulando en el carrito mientras recorro el super y una vez en caja un cálculo rápido para saber en cuantas cuotas conviene hacerlo dados los intereses. Tuve que aprender donde está el super, donde los pago fácil y los rapipagos para pagar las boletas de luz. Que meses había que pagar la luz y cuales tocaba agua y gas. A tener presente los vencimientos de las boletas.

Hizo falta aprender a cocinar, y claro… donde se puede comprar comida.

Necesité hacer nuevas amistades, primero en la universidad y luego fuera de ella. Gente con la que estudiar y con la cual juntarse a hacer otra cosa y terminar hablando sobre la facultad y cuanto hay que estudiar.

Hubo que aprender los horarios de los colectivos que iban a mi provincia, las empresas de esos colectivos y los precios. Las formas de obtener descuentos. Cuidarse de comprar a tiempo los boletos en las vacaciones y fines de semana largos, cuando todos viajaban. Tuve que aprender cuando no viajar aunque extrañase.

Dado el momento fue imperativo aprender sobre resiliencia, sobre hacerse duro frente a circunstancias adversas, a sobreponerse cuando todo indica que le erraste con el camino…

Costó alejarse finalmente de esa novia que en otro momento me despedía dándome ánimos y con un hasta pronto. Anteriormente a eso, hubo que aguantar las bromas sobre “amor a distancia: felices los 4” cuando Maluma todavía no nacía ¿Había nacido? No sé, pero la gente usa mucho esa expresión. Hubo un tiempo donde tuve que aprender donde había cabinas telefónicas para hablar con esa novia y cuanto costaban las llamadas.

Costó muchas horas de estudio y muchas horas de televisión/Netflix. Muchísimas, pero muchas enserio… no, es que no entienden, posta, muchas horas compartidas con ese amigo que también se fue conmigo, guitarreando, charlando, jugando al ajedrez, haciendo desastres en la cocina que igual comíamos y algunos incomibles. De seguro unos cuantos niños en Misiones pueden estudiar en universidades de lujo gracias a la cantidad de mates que costó recibirme de ingeniero (toda la yerba viene de ahí ¿o no?).

Tuve que empezar el gimnasio un par de veces, “había que distenderse en algún momento”. Abandonar porque era caro, o porque los exámenes me hacían faltar, o porque dejó de ser un momento para distenderse.

Empezar a estudiar música porque “había que distenderse en algún momento”, (obvio que también me gusta la música). Abandonar porque los exámenes me hacían faltar, o porque dejó de ser un momento para distenderse.

Otra relación a distancia, aunque con mucha mas liviandad y que por el bien de los dos no duraría mucho.

Lógicamente fue necesario conocer el lugar, sus calles, sus medios de transporte, como economizar al usarlos. A cuantas cuadras de casa está la facultad, en cuanto tiempo llegaba en cole o caminando, saber que el taxi no era opción. Un promedio del tiempo que había que esperar el cole en la parada. Por donde se puede andar tranquilo y por donde no, en qué horas. Donde comprar cospeles, ¿Qué son los cospeles? ¿Ya no sirven mas los cospeles? ¿Tarjeta? ¿Dónde se carga la tarjeta?

Tuve que hacerme de un par de profesores particulares.

Una tercera relación, a distancia otra vez, después de mucha insistencia de parte de ella (hasta el día de hoy, por suerte, me lo reprocha). Nuevamente, aprender las formas “económicas” de comunicarnos. Bancarse mucha distancia mucho tiempo, y un par de veces no bancarse. Aprender a decir: “Perdón, pero tengo un examen la semana que viene, no podré viajar” y "Tenes un examen, quedate a estudiar".

Aprender que eso de que "donde comen 2, comen 3" no es tan sencillo. Que en el medio hay un montón de quehaceres y ropa sucia y un montón de sistemas de distribución que parecen haber sido inventados para números pares de personas. Que la comodidad de 2 no necesariamente es la de 3 (mucho menos la de 4) y que no conoces a una persona realmente hasta que le dejas los platos sucios, o una planta sin regar, los apuntes ocupando toda la mesa o la tapa del shampoo abierta.

Encontrar canchas de básquet y amigos con quienes jugar. Perderse algunas juntadas porque había que estudiar… si, no lo dije creo, pero yo estaba ahí para estudiar. Romperme un diente jugando y aprender donde están las guardias y luego la facultad de odontología (atención mas barata que ir a un dentista). Aprender bastante sobre dientes, como que me fracturé el diente n°21. Durante un buen tiempo, aprender a comer sin morder.

Y podrán pensar que muchas de estas cosas no son necesarias para ser ingeniero, pero es que buena parte de mi dice que así lo logré yo. Siento, quiero sentir, que tuve que pasar por estos aprendizajes, aún si algunos de estos o todos ellos no implicaran no se… avanzar en la carrera, aprobar una materia.

Esta claro que un asiático podría venir a mi facultad, encerrarse en una habitación con suficiente arroz y sacar el título en 2,5 años sin romperse el n°21. Todos mis respetos. Me imagino que el hará su entrada en su blog y les deseo buena suerte leyéndolo. O también estará el que estudia y además trabaja, de lo que sea, y se paga sus estudios. A él lo respeto aún más y además, leería su blog. Pero si me preguntan, o si leen mi blog, yo se ser ingeniero de esta manera y con una mano en el corazón no puedo garantizarles que en alguno de los casos anteriores la satisfacción al llegar sea mayor.

Pero fundamentalmente lo que me interesa transmitir y sobre lo que quiero enfatizar es que no fue solo sentarse a estudiar, no fue solo posponer a mi familia, a mis amigos en las juntadas o incluso a aquellos amigos que quedaron lejos en el pueblo natal… esa es la parte que mas o menos se ve en las películas y que también le pasa a alguien que se va un mes de vacaciones. Fue mucho, pero mucho mas que eso. También hizo falta de la colaboración de este mundo de gente que se fue armando, otra vez, mis padres, mi hermano, la familia, una novia con muchas ganas de esperar y ser parte, compañeros, profesores… mis profesores… mucha, mucha gente posta que puso lo suyo, a su manera, para que yo llegara.

Y yo, hice falta yo, aunque suene loco plantearlo. El animarme, el insistirme, el sabotearme, el fallar y luego perdonarme. Criticarme y mejorar. Bancarme triste, entenderme triste. Bancarme contento. Aceptar cuando me equivoqué y otra vez perdonarme. Fallarme y cumplirme. Fallar a la gente, ¿la del párrafo anterior se acuerdan? Resarcirlos. Tropezar y levantarse, sacudir el polvo del último hachazo en el parcial de turno y seguir. Hice falta yo para seguir porque… si bien hubo cosas que sí tuve muy fácil (como el hecho de que mis padres me bancaron todo ese tiempo económicamente) no puedo estar seguro de que otra persona en igualdad de condiciones llegaría a donde llegué.

A mi me costó todo eso y/en 10 años de mi vida. 10 años de la vida del montón de gente que me acompañó todo el tiempo y que mayormente me sigue acompañando hoy. ¿Uds. pondrían 10 años de su vida en conseguir un paquete así? Probablemente no, ya sea porque son mas capaces, o aprenden las cosas más rápido, o tienen la disciplina de alguien que vive en el Este mas Este de este mundo o porque de golpe creerían que el camino va por otro lado, o que es una vergüenza que tus padres te mantengan a tal edad… no hay una respuesta equivocada … creo.

Pero para mí, que estoy de este lado, conseguir mi título de ingeniero le da sentido a todas las decisiones que tomé y a los costos que yo decidí pagar (a esta altura espero se entienda que no hablo de dinero). Obviamente mis decisiones son cuestionables, y se puede hacer todo mejor o peor, pero eso no quita la satisfacción que hoy tengo y que tiene que ver, e insisto en que es lo que quiero transmitir, con haber querido algo, haberlo querido fuerte (aunque a veces no se haya notado), y haberlo logrado y que cuando me dije “vos podes” durante todo ese tiempo, resultó ser que tuve razón.


REL


viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Que ves cuando me ves?

Empecemos.
       
       - ¡Veo veo!
-         - ¿Qué ves?
-         -  ¿Qué ves cuando me ves? Jaja. Anda ya… ¡una cosa!
-         - ¿Qué cosa?
-         -  Maravillosa.
-         - ¿De que color?
-         - Estemmmm… Naranja.

Bueno ya… lo dejo ahí que si no este comienzo es un caos.
Recuerdo tiernamente las veces que mi papá me desafiaba con el veo veo en momentos en donde yo decía estar aburrido, pero es cierto también que al crecer usaba el juego para hacer trampa a mis amigos. Elegía algo de un color y cuando lo descubrían rápido, cambiaba a lo siguiente que encontrara de ese color, no me gustaba perder. Aún no me gusta, pero lo manejo mucho mejor jaja.

Pero traigo a colación al juego, más que por una tierna nostalgia o una madura y absurda confesión, por el hecho de que me permite reflejar lo que quiero escribir.
-          
       - ¡Ya te digo yo que los ladrillos son rojos! ¡No anaranjados! ¡Eres un tramposo!
-          Pues para mí son naranja, así que he ganado. ¡Vaya ciego eres que no puedes encontrar una pared de ladrillos delante de ti! (NdA: Yo escribí “tuyo”, Word dice “de ti” allá él).

La idea del diálogo es representar lo siguiente: ninguno de los participantes es ni tramposo, ni ciego, simplemente son dos personas diferentes que ven las cosas de modos diferentes y no han compartido esta forma de verlas, el uno con el otro. Quizás el libro de reglas del veo veo que debe estar empolvado en Babilonia diga que antes de iniciar los jugadores deben acordar de que colores ven lo que van a utilizar como escenario… y es que cuando se trata de ver las cosas, todos solemos pensar que éstas son como las vemos pero la realidad que pocas veces consideramos, es que lo que vemos es UNA forma de TANTAS posibles que tiene esa cosa. Y es que cada cosa puede tener tantas formas como personas la miren.

¿Cuántas veces nos ha parecido hablar con alguien que no ve algo “tan claro, tan grande” como una pared de ladrillos delante de él? Quizás hasta nos molestamos con esa persona por su incompetencia para ver… pero eso mismo es una hipocresía, pues al juzgar a alguien por “ciego”, estamos cayendo en la ceguera de no ver lo que él. Y abusando de la metáfora y de la concentración de quien esté leyendo, creo que podemos estar de acuerdo en que a veces es mejor no ver una pared de ladrillos… 😉 (dije mejor, no menos peligroso ¡ja!).

No sé si lo he logrado a esta altura, pero quería hablar de personas y de las formas de ver las cosas y como esto tiene tantos matices para bien o para mal.

Creo que muchas veces dejamos de lado que lo que entra por nuestros sentidos hacia nuestro cerebro es una percepción de lo que nos rodea y que esa percepción es NUESTRA realidad, pero no tiene porque ser la de todos. Este olvido nos lleva muchas veces a menospreciar a los demás o simplemente a no entenderlos, pero es que al mismo tiempo no estamos comprendiendo que la otra persona no es tonta ni mucho menos, simplemente es otra persona, y percibe SU realidad, puede que ambos tengan la pared en frente, pero quizás uno no solo la ve de un color distinto (rojo o anaranjado) si no que elige no concentrarse en la pared.

Volviendo al juego, quizás el “adivinador” cree que algo tan grande es muy obvio como elección y que el objeto en cuestión estará más escondido, será más pequeño. En fin, lo ve desde una perspectiva diferente, eso no lo hace ciego, no lo hace un perdedor (bueno, perderá esa ronda del juego quizás), lo hace diferente… y diferente no es bueno ni es malo, es solo diferente.

Imagínense un hombre (o una mujer, que me matan las feministas ¡ja!) pisando la orilla de una playa, él (o ella) percibe un mar abundante, infinito, azul, quizás nostálgico, quizás temeroso porque no sabe nadar, y otra persona, por ejemplo ciega, puede percibir el mismo mar como algo que apenas abarca sus pies, quizás lo confunde con un charco (si es que desconoce que está en una playa o no escucha el oleaje si lo hubiese =P), no es azul pero es de un color “frio”, “húmedo”, no le teme, porque jamás se ahogaría en un charco. Al escuchar las olas entendería que es un mar y quizás sienta más frío, más miedo, sus oídos le informarían de olas lejanas, su olfato de vientos por venir… en fin… uno y otro estarían ante la misma realidad pero “verían” cosas distintas… y quien sabe, aun así quizás ambos sean buenas personas, agradables, dignos de invitar a un café y conversar (NdA: Si, mi definición de “buena persona” o “persona interesante” va muy de la mano de a quien invitaría un café para conversar y aprender jaja. Ya ven, esa es MI definición).

¿Que quiero decir con todo esto? Pues eso, que cuando hablamos, discutimos, debatimos etc, con otras personas, si dejamos de lado que es OTRA PERSONA DISTINTA A UNO que PUEDE PENSAR (percibir la realidad) LIBREMENTE DISTINTO A UNO seguramente terminaremos enojados y peor aún, en situaciones donde haya que tomar decisiones en base a lo que piensan las personas, no se podrán tomar esas decisiones, no de manera concensuada al menos.

Esto no significa que si tratamos de ver las cosas como los demás, de ponernos en su lugar, llegaremos a algo, pero seguramente nos evitará muchos enojos, muchas amarguras. Porque si somos capaces de comprender que el otro es EL OTRO, que puede ver cosas que nosotros no, sin necesidad de caer en una equivocación, comprenderemos que su postura es posible, que la única opción no es la nuestra y a partir de esa compresión decidir si queremos quedarnos de nuestro lado de la calle o si cruzamos al frente a ver como se ven las cosas desde ahí.

Si me preguntan a mí, diría que cruzar la calle no siempre va a ser una “solución” (a veces no se trata de que haya un problema) pero tampoco va a ser un signo de debilidad. A veces no hará falta cruzar la calle, simplemente aceptar que la otra vereda es tan linda de transitar como la nuestra, que se puede caminar juntos por veredas separadas ¿Se puede? 

Preferiré siempre que me cuestionen… cuestionar es una palabra muy fuerte… digamos: “que me enseñen a ver de otras formas”, no para convencerme, no para humillarme porque yo haya estado equivocado y ellos en lo cierto, si no para aprender, qué en fin, si una pared puede ser roja o naranja, o algo invisible o un gran obstáculo, pues habrá veces que convendrá mirarla de un modo y otras de otro. Pues mejor aprender que existen tantas posibilidades que a lo mejor no estamos perdiendo de la mitad del mundo que vemos (o que no vemos).


Puede que no me guste, que no sepa aún como manejar que alguien piense o vea las cosas distinto a mí, puede que a veces la mirada de alguien me intimide, me haga ver una pared donde no la hay y pierda el timepo, pero es que así se aprende también y yo siempre quiero aprender.


REL

lunes, 17 de julio de 2017

Gracias. Thank you, ありがと. Grazie. Merci.

Mas de una vez he escrito sobre las personas a quienes les agradezco tal o cual cosa. Aun así no podría decir que esté todo dicho, mucho menos cuando logras algo que te importa tanto.

Es cierto que ya pasaron 10 días desde que logré terminar una carrera universitaria, algo que quería cumplir desde que tenía unos 12 años más o menos, probablemente más. Pero me había prometido que iba a escribir algo al respecto, además ese día tenía tantas cosas en mi cabeza que era difícil expresar ideas, aun las más simples que serían las de agradecimiento a quienes me ayudaron.

Fue increíble para mí haber estado imaginando el momento en el que les diría algunas palabras a mis padres, amigos y profesores durante tanto tiempo, haberlo ensayado en mi cabeza tantas veces y no haberlo podido expresar tal cual cuando fue el momento. La cosa iba más o menos así:

Por favor:

Parece osado de mi parte pretender en este momento o a esta altura exigirles algo más a todos uds, pero si, quiero pedirles a mis profesores que no cambien, o si… que cambien, mejoren y ayuden a quienes vienen detrás nuestro en la carrera tanto o más de lo que nos ayudaron a nosotros. Enséñenles más, denles más.

A mis padres, por favor, no dejen de apoyar a mi hermano como me apoyaron a mí, no le nieguen ninguna oportunidad como no lo hicieron conmigo.

A mis amigos, que por favor sigan siendo mis amigos y los mejores amigos de todos sus amigos, porque los conozco muy capaces y llenos de cosas buenas que dar.

Perdón:

Ingenieros, profesores, perdón si no les transmití la imagen de estudiante que me hubiera gustado transmitirles, en realidad siento que no lo hice y espero si, haberles dejado al menos la sensación de que contribuyeron a la formación de una buena persona que se esforzará por ser también un buen profesional.
Papá, mamá perdón por tomarme 10 años para terminar mi carrera. Perdón por exigirles tanto esfuerzo siempre, perdón si les he retribuido poco hasta ahora. Perdón por 10 años de mucho tiempo lejos de ustedes, aunque quizás queden años de eso por delante. Perdón por eso también, por confiar siempre en que ustedes pueden y quieren verme “no parar”, no detenerme.

Franco, perdón por las peleas, las discusiones tontas, por esperar que pienses y/o actúes como yo. Perdón por no ser un mejor hermano mayor.

A mi familia y mis amigos, aquellos con quienes crecí en mis pagos, perdón por alejarme, por la “despriorización”. Perdón por esperar que comprendan que tenía que ir a buscar lo que quería lejos de donde ustedes buscarían aquello que anhelaban.

A todos mis amigos en general, perdón por no saber dar abasto, por esperar a que uds manden un mensaje en vez de estar pendiente de mandárselos yo, pendiente de interesarme por saber de ustedes. Perdón por no estar tanto como un buen amigo querría estar.

Gracias:

Alfredo, gracias por querer hacer este proyecto y por aprender a trabajar conmigo, así como enseñarme a trabajar con vos. Por la paciencia y la disposición. Por ser además de un compañero un gran amigo.

A todos y cada uno de los profesores que tuve a lo largo de la carrera, buenos y malos, por su tiempo, por las ganas o la falta de ellas, por compartir el conocimiento o por no hacerlo y desafiarnos a que uno lo busque. Gracias a los “malos” por hacer esta carrera “difícil” de tantos modos que uno termina sintiéndose realmente grande al finalizarla. Gracias a los “buenos” por hacerla tan “fácil” que uno siente que está en el lugar correcto cada vez que da un paso al frente.

Al laboratorio de telecomunicaciones, gracias por ser un segundo hogar y una segunda familia.

A mis padres, gracias por darme esta oportunidad, por confiar en mi durante 10 años y respetar mi ritmo, mis decisiones y alentarme siempre a que mire para adelante aun cuando resignaba algo que podía costar un año más. Gracias papá por las noches en vela haciendo la tarea de la investigación de San Martin para la escuelita. Gracias mamá por los útiles nuevos cada año, por la ropa remendada y por la nueva. Gracias por curar tantas noches de fiebre. Siempre pensé que cualquier persona podría venir y tratar de convencerme de que son malas personas, malos líderes en sus trabajos o malos profesionales de la salud y seguramente me faltarían argumentos objetivos para defenderlos pero nunca, nunca, nunca podrían convencerme de que son malos padres. Como padres nunca me fallaron, gracias por eso.

Franco, gracias por bancar, por seguirme, por ser incondicional, por ser un buen hermano que conmigo seguro no es fácil. Gracias por ayudar con la convivencia. Gracias por crecer conmigo y por estar ahí siempre.

Familia, gracias por estar siempre ahí, por confiar en mí y demostrarlo con tanto afecto. Gracias por tolerar la distancia, mi seriedad o mi sequedad para manifestar las cosas. Gracias por respetar mi espacio y saber estar.

Fer, no me parece justo no dedicarte un párrafo, porque hubo un buen tiempo dentro de estos 10 años en donde estuviste en el día a día conmigo. Gracias por eso. Por bancarte la distancia, las fechas de exámenes que me impedían verte, por esperar. Gracias por querer ser ese pilar que fuiste en ese tiempo. Gracias por encontrar nuevas formas de acompañarme, desde otro rol pero con la misma constancia y el mismo apoyo. Gracias a tu familia que me trató como si fuera de su familia.

Francisco, Gonzalo, Adrian, Miguel, Gianfranco, amigos y compañeros que para mí son como unos hermanos, gracias por mantenerse a mi lado siempre a lo largo del tiempo y de la distancia. Gracias por bancarme con todos mis defectos y por saber compensarlos. Gracias a sus familias que siempre me hicieron sentir que tenía más de un hogar.

Amigos de todos lados y de todos los tiempos e incluso amigos de mis redes sociales. Gracias por estar. Por compartir. Por cruzar un mensaje cada tanto, una llamada quizás. Gracias por pasar unos apuntes, por devolverlos, por escuchar, por acompañar. Mi idea es que soy lo mejor que pude armar entre tantas personas que pude conocer y que me mostraron una forma de ver las cosas. Quizás alguno sienta que hizo poco o nada por mí y aun así yo deseo de todo corazón agradecerle ese poco o esa nada.

Claro, hubiera sido imposible decir todo esto, pero admito que aquí en lo escrito me resulta fácil dejarme llevar, estoy seguro que podría decir más e incluso aun diciendo más, sé que me quedaría con la sensación de que les debo mucho. Y que un gesto como decir gracias, siempre se queda corto.

De aquí en más, se abren nuevos caminos para que busque nuevas formas de retribuirles lo que siento de parte de ustedes. Para que la deuda se agrande seguramente, contra mi voluntad. Nuevas oportunidades para agradecerles otra vez.

Cerati, gracias por darle trascendencia y fuerza a la expresión: GRACIAS TOTALES.

REL


lunes, 3 de abril de 2017

Think out of the box ¿Y si la cosa no es así?

Dicen que no hay que tomar decisiones en “caliente”, cuando las circunstancias nos llenan de emociones que pueden guiarnos hacia falsos positivos o falsos negativos a la hora de sustentar las palabras que estamos por decir, la obra que estamos por llevar adelante… etc… quizás me arrepienta de haber abierto este documento en blanco y haber empezado a tipear… como sea, si lo está leyendo significa que es tarde para eso.

Hace un tiempo que quiero escribir algo (es curioso como muchas de mis entradas empiezan así). A esta altura está claro que lo de escritor, al menos en cuestiones de disciplina, no se me da.

Hoy es algo así como un día triste para mí, pero dicho así suena totalmente relativo, lo es. En este último tiempo, he tratado de cambiar mi forma de hablar de la tristeza, haciéndome cargo. Hoy elijo estar triste parece ser una expresión más acertada para el caso.

No creo que tenga sentido que les cuente porque decido estar bajoneado, todos tenemos nuestras cosas, hay gente que estaría feliz de poder estar triste solo por las cosas que me pasan a mí y no por cosas que en algún plano parecerían más trascendentales como resguardarse de la lluvia, buscar que comer, comprar pañales o juntar para pagar las deudas… con el tiempo aprendí que no hay batallas pequeñas o grandes, sino más bien soldados con más o menos ganas de pelear y ojo al piojo, pelear no siempre es la solución, en mi opinión.
Dicho esto, la idea que me venía dando vueltas en la cabeza desde hace unos días es la de “think out of the box” (si, a veces pienso en inglés). El famoso “no es lo que parece” que en esta vuelta, lo mezclo un poco con esos otros famosos “mirar el lado bueno” o el viejo cuento del “vaso medio lleno, medio vacío”. Y quería escribir un poco lo que pienso al respecto, contar una que otra historia de mi niñez que tendría alguna relación y ver que sale.

Muchas veces en mi vida (perdón, a veces hablo como si tuviera 80 años, no es así) traté de buscarle explicaciones “alternativas” a cosas que parecían tener solo una. Noté que en varias ocasiones nos dejamos llevar por nuestras primeras interpretaciones, que a veces parecen haber sido programadas genéticamente, y tomamos decisiones, emitimos opiniones, hacemos juicios.
Muchas, pero muchas veces, amigos míos vinieron a contarme que estaban enojados con fulano o sutano por tal situación y a veces terminaban enojados conmigo porque les ofrecía un panorama en donde las razones de su enojo no parecían tan convincentes… un escenario en donde fulano o sutano podían también, tener razón. Algunos de esos amigos me han reprochado esta actitud mía, otros optaron por dejar de contarme cosas. Yo también me la reproché en ocasiones y crean o no, trabajo en encontrar el equilibrio, el punto en donde esta costumbre que adquirí en mis NO 80 años, es una herramienta útil (porque creo que puede serlo).

Cuando era pequeño, uno de mis mejores amigos empezó lo que sería una creciente y larga carrera en el ajedrez enseñándome mucho de lo que hoy sé de ese deporte. Todos los días llevaba su tablero y sus piezas a la escuela y se dedicaba a darnos sendas palizas a mí y otro compañero en los recreos y horas libres.

Era chico así que me molestaba perder, pero parecía que hiciera lo que hiciera él estaba un par de jugadas adelante. Inevitablemente comencé a mejorar, aunque para eso tuve que hacer un cambio en mi manera de pensar (en ese momento no me di cuenta). Comencé a prestarle atención al juego, lo que antes era “si yo como ese peón, él me come el mío” paso a ser “Si come mi peón, ¿qué moveré yo? ¿Y si no lo come?”.

Para ser mas claros, por ejemplo, hay una situación en el ajedrez que se llama “doblete”. En esta circunstancia una pieza del rival amenaza a dos piezas nuestras y nos toca elegir cual salvar. En un caso peor, si una de las piezas amenazadas es el rey, ni siquiera se puede elegir, hay que salvarlo y la otra pieza estaría teóricamente perdida (claro, lo de “peor” es subjetivo).

Mi amigo era especialmente bueno para conseguir dobletes y después de muchas piezas perdidas, me di cuenta de que había una forma diferente de interpretar lo que parecía una situación adversa y humillante, además. Porque si bien era casi seguro que perdería una pieza, yo tenía cierto control sobre mi amigo, conocía su próximo movimiento y eso me permitía a mi, con mi escasa habilidad, dos movimientos para planear algo, el primero, el movimiento que debería usar para salvar una de mis piezas y el segundo, el movimiento que le seguiría al de mi amigo cuando él se dé el gusto de quitarme una torre o mi dama (casi siempre eran esas las piezas en cuestión). No puedo alardear de que le gané partidas magistrales en donde él tomaba mi dama y yo le daba jaque mate en dos movimientos, pero lo importante de la anécdota es que pensé fuera de la caja.

Esa caja que señala que todo está perdido, que mueva lo que mueva, mi amigo me quitará una pieza importante, y quien sabe que maldades hará después… la caja que nos enceguece, nos acota, nos pone límites… ¿nos pone? ¿o nos los ponemos?

Considero que sería interesante preguntarnos a nosotros mismos si estamos dentro de la caja, si existe un afuera y sobre todo, donde queremos estar y que queremos hacer. Porque aun conociendo el dentro y fuera y asumiendo que “tenemos razón” al optar por una u otra cosa ¿Es ahí donde queremos estar? ¿Es todo lo que queremos hacer?


¿Perdí una pieza o gané un movimiento? ¿Llueve y el día está horrible o es un día ideal para recordar lo divertido de saltar en los charcos/para la siesta/para la música melanco/para cucharear? ¿Esa persona es una idiota o quiero reconciliarme con él/ella? ¿Mis certezas y mi orgullo o una amistad? ¿Perdí o aprendí algo? ¿Fallé o descarté otra forma más para llegar al éxito? ¿Todo esto es muy fácil de decir o le tengo miedo a la oportunidad que implica? Les recomiendo (sin ser experto), practicar pensar fuera de la caja.

REL

domingo, 5 de marzo de 2017

Si te vas a ir

Si te vas a ir
llévate todas tus cosas,
pero olvídate de algo, un par de zapatos quizás
algo que te traiga hasta aquí.
Si te vas a ir
regrésame mi amor por mí
y llévate todo esto que siento por ti
no lo necesito si no estás por aquí.
Si te vas a ir
llévate mi número por si quieres llamar
déjame el tuyo para que no me anime a marcar
mejor no te vayas, quédate un día más.

Puedes llevarte mi corazón
que sin ti parece no querer latir.
pero si te vas a ir
déjame un cachito de ti.

Si te vas a ir
regrésame nuestros planes y promesas
y dime donde dejaste mis esperanzas,
mi depresión y la ropa de entrecasa.
Si te vas a ir
déjame los recuerdos, los buenos momentos
y de los malos te acepto la mitad
todo lo demás te lo puedes llevar.
Si te vas ir
llévate las canciones que hablan de ti
déjame nuestras fotos donde me veo tan feliz
aunque ¿qué caso tiene? si no estarás aquí

Puedes llevarte mi corazón
que sin ti parece no querer latir.
pero si te vas a ir

prométeme que serás feliz.

REL

viernes, 8 de julio de 2016

¿Un Ramiro para todos?

Como muchas veces a lo largo de estos últimos años me vinieron unas repentinas ganas de escribir sin tener bien en claro que quiero decir… ¡la pucha! Perdí en cierta forma esa capacidad de ir escribiendo en mi cabeza lo que días, semanas después sería una nueva entrada.

Pero bueno, para escritores malos, redactores de clichés y filósofos de dos pesos está internet ¿O no? Jeje.

Supongo que más que ganas de escribir tengo ganas de hablar, pero no sé con quien…

Estos días he tratado de macerarme (como pollo en un caldo de provenzal ¿?) en la idea de que solo soy yo. Es decir, no puedo ser todos los Ramiro que fantaseo que los demás quieren que sea, por dos -muy grandes- motivos:
  1. El Ramiro que creo que los demás esperan ver en mí, no necesariamente existe… es un invento mío sobre un potencial invento de los demás… no lo conozco (aunque quizás sea una buena persona =P).
  2.  ¿Para qué quiero ser todas esas personas a la vez? ¿Para que someterme al agotamiento infinito de satisfacer a todos si por sobre todas las cosas, no termino satisfecho yo?

En algún punto se me hace evidente que si tengo que hacer algo para complacer a una persona, automáticamente dejaré de complacer a otra, incluyéndome. Quiero decir, si hay un grupo selecto, diferenciado para el cual debo actuar de una manera, por definición (dirían mis profes de matemática) hay un “NOgrupo” de personas al que esta actuación no convence o ni siquiera le interesa. Viéndolo así, ¿qué sentido tiene? Exacto… ninguno. A menos… que uno disfrute de lo que hace por uno o por otro. La clave pareciera ser diferenciar cuando hago cosas por los demás por mí y cuando estoy persiguiendo a este Ramiro fantasma con el que me paranoiqueo que todos hablan y todos adorarían.

Separar, las cosas que hago por ser solo yo, que me gustan y que al mismo tiempo parecieran hacer algún bien a alguien que me interesa y las que hago porque parece que una cadena cultural de ADN, una catarata de historia (repeticiones de repeticiones) de la sociedad -al menos en mi imaginación- me impone.

Aprovecho para citar a Wayne Dyer, en su libro el cielo es el límite:

Nunca he visto un perro al que le resultase difícil aceptarse como perro; y, además, como exactamente el tipo de perro que es. Jamás he visto a un cachorro de pastor alemán intentando parecer un galgo de tres años. Nunca vi que un perro se considerase torpe ladrando o se deprimiese porque el perro de al lado ladraba mejor que él. Un perro nunca se matriculará en una escuela de perros para aprender a ladrar. No sé de ningún gato que se sintiera avergonzado por no haber conseguido atrapar a un ratón. El gato aprende sin lamentarse por el ratón perdido. Los antílopes, los osos, las hormigas y las ballenas no parecen tener tampoco conflictos internos. Los periquitos y las serpientes no tienen, al parecer crisis de identidad.

Soy solo yo, uno, Ramiro… (bueh... algunos me llaman Ra, Ram, Rami, Rama, RELo, flaco, amigo, pero posta posta, soy solo uno) y si fuera otro y me conociera probablemente me elegiría, pero debo aceptar que otros no me elijan, que gusten de otros Ramiros, otros colores, de otras sonrisas que por ser solo yo, lógicamente no tengo, tengo dos o tres, pero no todas (claro, justo pongo un ejemplo con sonrisas yo ¬¬). No es una competencia de quien es el más elegido para que… ¿o sí?


Y eso, quiero aprender (y compartirles la idea y mis ganas de aprender) a estar porque me gusta y aceptar que no siempre hace falta que esté y eso no significa que valgo menos. Me elijan o no puedo ser un Ramiro completo. Y claro… cada uno de ustedes también puede ser su “ud mismo” sin pensar tanto, sin sufrir por el imaginario que CREEMOS que los demás necesitan, quieren, desean. Demos lo máximo de nosotros, no porque alguien lo pida, sino porque nos gusta darlo y porque hacerlo es parte de ser nosotros según nosotros. ¿Sale?

REL