domingo, 19 de octubre de 2014

Por mi deuda insaldable, ¡gracias!



Voy a hacer una pausa en mis reflexiones basadas en mi experiencia de cuarto de siglo… hoy es un día especial como tantos otros (pronto tendremos el “año feriado” jaja) en nuestro país. Celebramos el día de la madre y se me ocurrió que es una buena oportunidad para derramar algunas palabras en el teclado y dibujar algunas lágrimas con suerte, de felicidad espero, en estos seres tan maravillosos que son nuestras madres.


En particular me siento el hijo mas afortunado del mundo aunque tengo asumido que cada uno de nosotros nos sentimos siempre así. Pero con el perdón de todos uds, sé que mi mamá es la mejor jajaja.

¿Qué sería de nosotros sin nuestras madres? Fácil, nada, no seríamos. El mundo es inconcebible sin madres, pero literalmente inconcebible, ¿o acaso uds escucharon hablar del padre tierra, el padre naturaleza y el padre patria? No. Esto tiene que darnos una idea de cuanto les debemos. Y es que literalmente y por lo menos, les debemos una vida.


Cuantos pantalones, medias, remeras y demás prendas de vestir habrían terminado en la basura, o lustrando los muebles si no fuera por tus agujas, tus cuidados y remiendos. Cuanta ropa que amaba hoy tendría si no fuera porque los considerabas insalvables e impresentables jeje. Si tuviera que pagarte por cada puntada que hiciste para cocer mi ropa y alguna que otra herida (metafórica) no se si me alcanza una vida.


Cuantas fiebres no se habrían ido sin tus pañuelos mojados a mitad de la noche, que ventaja que seas además de mamá, médica. Sumo a mi deuda insaldable, tus minutos (o segundos si queres) de desvelo. Por cada vez que tu sello y tu matrícula justificaron mis faltas a la escuela o al colegio.


En cuantos vasos de agua me habría ahogado si no fuera por tus consejos. Por cada brazada que diste en ellos para rescatarme.


Por cada valor que me inculcaste. Por cada temor que quitaste. Por cada sueño que apoyas y apoyaste. Por cada hora de trabajo que me dedicaste, porque conmigo fuiste y sos madre, pero fuiste y sos médica conmigo enfermo en casa y ayudando a la gente en la calle, para poner el pan sobre la mesa. A esta altura decir gracias es poco.


Por cada vez que me retaste, aun pienso que algunas veces fue injusto jajaja. Por cada vez que me castigaste. Por saber llevarme, educarme, criarme. Por ser la persona que sos y me hace a mi querer ser un hijo agradecido y con voluntad de pago hacia alguien que siempre dio tanto a cambio de tan poco.


Gracias por ser tan buena en eso de aprender a ser mamá, porque la vida, de un modo violento, no te dejó practicar antes de mi llegada. Gracias por ser una mamá distinta e igualmente especial con mi hermano. Por hacernos entender que el cariño de una madre tiene distintas formas y puede ser igualmente inmenso y adaptable a las necesidades de cada hijo.


Gracias por dejar de fumar.


Gracias, gracias, gracias y mas gracias… hoy empeño mi vida a cambio de gratitud. Cosa irónica si las hay, porque todavía te la tengo que pagar a vos.


Gracias por lo que se que hiciste por mí, y por lo no me enteré, pero hiciste por mi. Porque ser madre también tiene esa parte de “trabajo sucio”, “invisible”. Los juguetes no se levantan solos, los platos no se lavan ellos mismos ni las camas se visten por si solas, mucho menos se renuevan en sabanas limpias. El ropero tiene fondo, por poner algunos ejemplos.


(paréntesis dentro de paréntesis)


No puedo evitar pensar que hoy en realidad debería ser el día de los padres, y el 3er domingo de Junio también jaja. Mamá, no serías mi mamá sin papá. Así que tengo que decirlo: gracias papá por ser la otra mitad de mis 46 cromosomas… o algo así era… cada vez que pienso que le debo mucho a mi madre y que ella me enseñó todo, siento que debo agregar o corregir, les debo todo (o el 90% de lo que soy) a mis padres y ellos me enseñaron a ser lo que soy, y a seguir aprendiendo a ser.


(Ahora si)


No se me ocurre financiación que me permita pagar todo lo que me dista, das y darás. Mi plan viene en cuotas ó, para hacer juego, mi tratamiento incluye varias dosis, la prescripción incluye varias ideas: básicamente quererte, devolver en el formato que pueda, todas la ayuda que supiste darme. Tratar de estar. Esforzarme por retribuirte, pero fundamentalmente y creo que es mi mejor propuesta, hacerte trascender, enseñar a cuantos pueda todo cuanto me enseñaste y que en cada uno de ellos quede, aunque implícito, un poquito de vos. Es un poco raro, porque no es precisamente una devolución hacia tu persona, pero quiero creer que es una extensión de ella. Hacerte infinita en todos, mostrarme diciendo desde aquí vengo y si vengo es porque mi madre me dio esta oportunidad. Te propongo ser un buen hijo en la medida que mi humanidad me lo permita, para que algún día sientas que puedes descansar, sabiendo que cumpliste con honores la labor de ser mamá.


¡MUCHAS GRACIAS EMA VELEZ!


Agrego otro párrafo, no duden en decirle cuanto quieren a su mamá. No dejen pasar esta oportunidad. Es obvio que ellas trabajan 24x7x52 (aproximadamente) para nosotros, sin domingos ni feriados y que cada día se les debería agradecer, pero suponiendo que es una tarea “difícil” de cumplir, que por lo menos hoy no falte ese detalle, que hoy no falten esas palabras, ese beso y ese abrazo si se puede. Porque, insisto, no estaríamos aquí si no fuera por ellas, no seríamos ni los restos de un vago recuerdo si no fuera porque ellas en algún momento tomaron una decisión y la convirtieron en carne, en una parte de ellas correteando, llorando, riendo, creciendo por ahí. Así que hagamos algo por ellas, aunque sea esta vez. Créanme que el mínimo beso cuenta, hay que animarse nada mas. 

REL

sábado, 11 de octubre de 2014

Hoy y aquí me considero feliz y hoy y ahora lo quería compartir con ustedes



Uff… cuanta ausencia. Retomé las actividades en la facultad y me ha costado sentarme a escribir. Igualmente pensar sobre qué hacerlo. En ese sentido tuve una pequeña epifanía y tengo una idea, pero no me imagino desarrollándola ahora mismo en más de un párrafo o dos.

Estaba pensando, o mejor dicho, me cayó cual ficha en un arcade, el concepto de felicidad que manejamos y como creemos que siempre hay que buscarla, alcanzarla. Creo que lo primero que viene a la mente cuando pensamos en felicidad, es que es algo ajeno a nosotros, algo que todavía esperamos encontrar o peor aún, algo inalcanzable… está bien, en todo caso no vengo a “re-definir” la felicidad, pero últimamente me encontré sonriéndole a la nada llamándome feliz y se lo atribuyo a un par de ideas en las que creo fervientemente y me gustaría compartirlas con ustedes.

Entonces, ¿Ustedes son felices? (todavía sueño con tener lectores o mejor todavía, gente que discuta, responda ¡ja!). Antes de entrar en mi verborragia quizás les convenga preguntárselo y planteárselo concienzudamente.


Yo creo que la felicidad es un estado que comienza con una decisión: querer estar bien, sentirse bien, querer ser feliz, y que sigue con las cosas que hacemos para conseguir ese estado pero siempre como algo inmediato, algo de ahora y no un objetivo a alcanzar luego de 10 años de carrera y 25 de trabajo y aportes para la jubilación. Repito lo que dije en otra entrada, nos hace frio y vamos por un abrigo, ¿no podemos entonces actuar de ese modo para llegar finalmente a nuestra ansiada y esquiva felicidad? Siguiendo esa línea, pienso que cada uno está como y donde quiere estar. Como quien tiene frio pero a la vez tiene pereza de levantarse por un abrigo, a veces no queremos hacer el balance de soy feliz o no y resumimos en un tibio “estoy bien”, “mañana será”. Y si hacemos el balance, ¿porque lo malo tiene que pesar más que lo bueno? Creo que el común de las personas antepone lo malo sobre lo bueno y… por malo que sea lo que nos acontece, me da la impresión de que solo buscamos motivos para decir que estamos mal o que lo mejor (la felicidad) está por llegar, como si esa esperanza fuera lo que nos mueve.

Y no digo que esté prohibido estar mal, no. Es una opción, valida y viable, después de todo no entenderíamos la felicidad si no hubiera con que contrastar, pero hay que ser más exigentes (creo yo) con la línea que separa el querer estar mal, el necesitarlo para poder luego “resurgir”, con el “estoy mal porque no puedo estar bien”. No importan lo que me digan, soy alguien que discute a muerte (por defecto) y mucho más si alguien me dice “no puedo estar bien”. Entiendo los “no puedo estar bien” de la gente cuando están pasando por algún duelo, la pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación, desaprobar un examen,  pero no los entiendo cuando me dicen que les hace frio pero no quieren levantarse a por un abrigo (metafóricamente hablando). Y tarde o temprano, las situaciones de duelo, se convierten en eso, una costumbre que nos aferra a la tristeza, por falta de ganas de querer empezar a ver el lado medio lleno de las cosas. Siempre, pero siempre, hay un lado medio lleno y me dirán conformista, pero yo pienso que aquel que siempre mira el lado medio lleno, siempre es feliz (idealmente). Entonces, si alguien puede, ¿Por qué yo no? ¿Por qué privarme de esa sensación? Sin embargo me asombro cada vez que escucho a una persona responder a la “potencial felicidad” con los típicos “no tengo tiempo”, “no tengo dinero” etc. Muchas veces alguien acude a mí con un problema, solo porque estoy a mano, no porque sea experto en resolverlos, y cuando les doy una respuesta, una posible solución, responden que no tienen tiempo/dinero, entonces (quizás) les propongo otra solución, y vuelven a replicar alegando que no pueden llevarla a cabo y así sucesivamente. Y si uno les pregunta, este problema los angustia y empuja al borde del suicidio, pero tampoco quieren hacer lo necesario para resolverlo.  En esas circunstancias pienso para mis adentros que esta gente miente, no pueden estar de acuerdo con la no solución del problema y con la existencia del mismo. Y es que para mí, o la piedra en el zapato molesta y me ocupo de desatar mis cordones, sacarme la zapatilla, buscar la piedrita que en el pie se siente como una cabeza de las de la isla de pascua, sacarla o sacudir la zapatilla para que caiga, y si, gastar energías, quizás perder el tiempo, o pasar vergüenza en la calle con una media agujereada, pero la piedra en la zapatilla dejará de existir y podre ser feliz, caminar en paz, o bien aprendo a tolerar el dolor, o deformo mi manera de pisar para que no moleste o no duela tanto, no importa cual opción escoja, pero con alguna debo estar de acuerdo y en lo óptimo, estaré de acuerdo con la idea que llevaré a cabo y en ese “estar de acuerdo” entra el “soy feliz” y no entra el “voy a estar malhumorado, con mi ceño fruncido, y si alguien me pregunta, soy el ser más desdichado del universo”. La próxima vez que se escuchen diciendo “no tengo tiempo” o algo por el estilo, cada vez que pongan una excusa, re-analicen si mienten con la excusa o si en realidad no hay algo que los aqueje y los “motive” lo suficiente para que salgan en busca de una solución. Y si nada los aqueja, entonces aprendan a llamarse felices y ver las cosas de otro color (no necesariamente rosa). Me gusta pensar que así vamos a vivir más años :-) e indiscutiblemente felices.

Estaría bueno que me planteen (o se planteen) porque pensarían distinto, porque en cierta forma, hablaría de ustedes tratando de ser infelices, o de tener razón en que lo son, o de que están acostumbrados a serlo, lo cual para mí sería simplemente otro nivel de felicidad, pero felicidad al fin, porque insisto, estamos como queremos. Una vez, un tío a quien respeto mucho y me ha enseñado algunas de estas cosas, sin querer supongo, me ayudó a entenderlo. Me preguntó como estaba, y yo, pretendiendo ser un superado le contesté: “mal, pero ya es normal en mi” queriendo reflejar que no me sentía feliz, y que la felicidad siempre me esquivaba. A todo esto él respondió: “¡Ah! Entonces estas bien”. Pues claro, si estaba en mi estado de “normalidad” entonces tenía que estar bien. Un estado "A-normal", lo hubiera preocupado quizás, pero al decir lo que dije le di a entender que estaba bien. Y su interpretación e indiferencia, en principio me indignó y luego me pareció ridículamente lógica. La misma persona, en otra oportunidad, me hizo notar lo que les decía antes, de que ponemos excusa para hacer las cosas que aparentemente demanda nuestra felicidad. En otra conversación, donde pasaba por algunas dudas existenciales sobre mi mismo, mi tío me recomendó un libro (de autoayuda) y respondí que no tenía el dinero para comprarlo. Otra vez, con cierta indiferencia y resumiéndolo un poco, me dijo: “entonces no estás tan mal, si te estoy dando la respuesta pero no queres implementarla”, insití fervientemente en que no tenía plata ni de dónde sacarla, él se aferró a su idea también. Basta decir que al día siguiente compré el libro para comprender que tenía razón, y vaya sorpresa, el libro mencionaba esta idea de que siempre ponemos excusas como “no tengo tiempo” o “no tengo dinero” cuando en realidad lo que no tenemos es ganas, o una incomodidad (infelicidad) tan grande que merezca el esfuerzo. Así aprendí que no hay que posponer la solución de problemas que creemos importantes o no hay que creer importantes problemas que no queremos resolver. Así aprendí a ser feliz.

Ufa… se hizo larga la cuestión, y quizás es porque pasó mucho tiempo desde la última vez, o el hecho de no haberlo trabajado en mi mente hizo que la improlijidad se traduzca en 1400 palabras (1367 hasta aquí) que podrían ser 1000, 1200 si fueran eficientemente seleccionadas. Pido perdón por eso.

Y concluyo excusándome también si parezco un pedante superado en esto de YO SOY FELIZ, en realidad, como uds también tengo mis momentos de debilidad (por llamarlos de algún modo) pero me siento afortunado de poder decir que cada vez son menos, y menos frecuentes. Al mismo tiempo les remarco que no me considero un experto, pero hoy y ahora, me considero feliz y lo quería compartir aquí y ahora con ustedes.


REL