viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Que ves cuando me ves?

Empecemos.
       
       - ¡Veo veo!
-         - ¿Qué ves?
-         -  ¿Qué ves cuando me ves? Jaja. Anda ya… ¡una cosa!
-         - ¿Qué cosa?
-         -  Maravillosa.
-         - ¿De que color?
-         - Estemmmm… Naranja.

Bueno ya… lo dejo ahí que si no este comienzo es un caos.
Recuerdo tiernamente las veces que mi papá me desafiaba con el veo veo en momentos en donde yo decía estar aburrido, pero es cierto también que al crecer usaba el juego para hacer trampa a mis amigos. Elegía algo de un color y cuando lo descubrían rápido, cambiaba a lo siguiente que encontrara de ese color, no me gustaba perder. Aún no me gusta, pero lo manejo mucho mejor jaja.

Pero traigo a colación al juego, más que por una tierna nostalgia o una madura y absurda confesión, por el hecho de que me permite reflejar lo que quiero escribir.
-          
       - ¡Ya te digo yo que los ladrillos son rojos! ¡No anaranjados! ¡Eres un tramposo!
-          Pues para mí son naranja, así que he ganado. ¡Vaya ciego eres que no puedes encontrar una pared de ladrillos delante de ti! (NdA: Yo escribí “tuyo”, Word dice “de ti” allá él).

La idea del diálogo es representar lo siguiente: ninguno de los participantes es ni tramposo, ni ciego, simplemente son dos personas diferentes que ven las cosas de modos diferentes y no han compartido esta forma de verlas, el uno con el otro. Quizás el libro de reglas del veo veo que debe estar empolvado en Babilonia diga que antes de iniciar los jugadores deben acordar de que colores ven lo que van a utilizar como escenario… y es que cuando se trata de ver las cosas, todos solemos pensar que éstas son como las vemos pero la realidad que pocas veces consideramos, es que lo que vemos es UNA forma de TANTAS posibles que tiene esa cosa. Y es que cada cosa puede tener tantas formas como personas la miren.

¿Cuántas veces nos ha parecido hablar con alguien que no ve algo “tan claro, tan grande” como una pared de ladrillos delante de él? Quizás hasta nos molestamos con esa persona por su incompetencia para ver… pero eso mismo es una hipocresía, pues al juzgar a alguien por “ciego”, estamos cayendo en la ceguera de no ver lo que él. Y abusando de la metáfora y de la concentración de quien esté leyendo, creo que podemos estar de acuerdo en que a veces es mejor no ver una pared de ladrillos… 😉 (dije mejor, no menos peligroso ¡ja!).

No sé si lo he logrado a esta altura, pero quería hablar de personas y de las formas de ver las cosas y como esto tiene tantos matices para bien o para mal.

Creo que muchas veces dejamos de lado que lo que entra por nuestros sentidos hacia nuestro cerebro es una percepción de lo que nos rodea y que esa percepción es NUESTRA realidad, pero no tiene porque ser la de todos. Este olvido nos lleva muchas veces a menospreciar a los demás o simplemente a no entenderlos, pero es que al mismo tiempo no estamos comprendiendo que la otra persona no es tonta ni mucho menos, simplemente es otra persona, y percibe SU realidad, puede que ambos tengan la pared en frente, pero quizás uno no solo la ve de un color distinto (rojo o anaranjado) si no que elige no concentrarse en la pared.

Volviendo al juego, quizás el “adivinador” cree que algo tan grande es muy obvio como elección y que el objeto en cuestión estará más escondido, será más pequeño. En fin, lo ve desde una perspectiva diferente, eso no lo hace ciego, no lo hace un perdedor (bueno, perderá esa ronda del juego quizás), lo hace diferente… y diferente no es bueno ni es malo, es solo diferente.

Imagínense un hombre (o una mujer, que me matan las feministas ¡ja!) pisando la orilla de una playa, él (o ella) percibe un mar abundante, infinito, azul, quizás nostálgico, quizás temeroso porque no sabe nadar, y otra persona, por ejemplo ciega, puede percibir el mismo mar como algo que apenas abarca sus pies, quizás lo confunde con un charco (si es que desconoce que está en una playa o no escucha el oleaje si lo hubiese =P), no es azul pero es de un color “frio”, “húmedo”, no le teme, porque jamás se ahogaría en un charco. Al escuchar las olas entendería que es un mar y quizás sienta más frío, más miedo, sus oídos le informarían de olas lejanas, su olfato de vientos por venir… en fin… uno y otro estarían ante la misma realidad pero “verían” cosas distintas… y quien sabe, aun así quizás ambos sean buenas personas, agradables, dignos de invitar a un café y conversar (NdA: Si, mi definición de “buena persona” o “persona interesante” va muy de la mano de a quien invitaría un café para conversar y aprender jaja. Ya ven, esa es MI definición).

¿Que quiero decir con todo esto? Pues eso, que cuando hablamos, discutimos, debatimos etc, con otras personas, si dejamos de lado que es OTRA PERSONA DISTINTA A UNO que PUEDE PENSAR (percibir la realidad) LIBREMENTE DISTINTO A UNO seguramente terminaremos enojados y peor aún, en situaciones donde haya que tomar decisiones en base a lo que piensan las personas, no se podrán tomar esas decisiones, no de manera concensuada al menos.

Esto no significa que si tratamos de ver las cosas como los demás, de ponernos en su lugar, llegaremos a algo, pero seguramente nos evitará muchos enojos, muchas amarguras. Porque si somos capaces de comprender que el otro es EL OTRO, que puede ver cosas que nosotros no, sin necesidad de caer en una equivocación, comprenderemos que su postura es posible, que la única opción no es la nuestra y a partir de esa compresión decidir si queremos quedarnos de nuestro lado de la calle o si cruzamos al frente a ver como se ven las cosas desde ahí.

Si me preguntan a mí, diría que cruzar la calle no siempre va a ser una “solución” (a veces no se trata de que haya un problema) pero tampoco va a ser un signo de debilidad. A veces no hará falta cruzar la calle, simplemente aceptar que la otra vereda es tan linda de transitar como la nuestra, que se puede caminar juntos por veredas separadas ¿Se puede? 

Preferiré siempre que me cuestionen… cuestionar es una palabra muy fuerte… digamos: “que me enseñen a ver de otras formas”, no para convencerme, no para humillarme porque yo haya estado equivocado y ellos en lo cierto, si no para aprender, qué en fin, si una pared puede ser roja o naranja, o algo invisible o un gran obstáculo, pues habrá veces que convendrá mirarla de un modo y otras de otro. Pues mejor aprender que existen tantas posibilidades que a lo mejor no estamos perdiendo de la mitad del mundo que vemos (o que no vemos).


Puede que no me guste, que no sepa aún como manejar que alguien piense o vea las cosas distinto a mí, puede que a veces la mirada de alguien me intimide, me haga ver una pared donde no la hay y pierda el timepo, pero es que así se aprende también y yo siempre quiero aprender.


REL