domingo, 24 de agosto de 2014

Que levante la mano el que tiene la razón



          La verdad que desde la última vez estuve intentando hilar ideas en mi cabeza en pos de tener algo que decir, que supere la anterior publicación y me deje un poco mejor parado también… ¿para qué quiero un blog si no puedo escribir dos párrafos interesantes seguidos? Je. Pero he fracasado una vez más, no hay mucho para decir… en parte porque no decido si quiero que mis entradas tengan un aire filosófico que nos permita reflexionar sobre la clase de persona que somos (asumiendo que alguien me lee) o si quiero que esto sea una bitácora donde poner “hoy tuve mi primer clase, fui al trabajo, discutí con fulano… etc”. No lo se.
          
          Antes dije que me gustaba escribir y dar consejos, ambas tienen que ver con otra cosa que me gusta y es “filosofar”, reflexionar, pensar, siempre le estoy buscando la 5ta pata al gato, en un buen sentido. Al menos eso creo, porque en cuanto a pensar y calificar las formas de hacerlo, creo que todo es muy subjetivo o relativo. Es decir, yo siento que tengo la forma “correcta” de pensar las cosas y otro millón de personas también cree poseer este don, sin pensar como yo, o sea que todo es una cuestión de perspectiva y de golpe el sentido común como lo conocemos, deja de ser común para todos ¿No les parece? En definitiva, no puedo decir que tengo LA VERDAD, pero quiero creer que la busco, que no me interesa ganar discusiones o tener la razón, si no, llegar a ella. Pese a estas intenciones, mas o menos nobles, a veces me he descubierto peleando una vez por la “lógica A” y al día siguiente por su antagónica “lógica Z” simplemente porque había alguien del otro lado que hacía lo opuesto, y por i-lógico que parezca, muchas veces he sentido que en ambos debates terminé teniendo la razón lo cual termina por anularme como ser pensante, jaja.
    
          No es que me guste llevar la contra a las personas, aunque quizás así sea ;-), si no, que siempre resulta más fácil encontrar las falencias en lo que otro dice o expone, entonces, no tanto por una cuestión de contrera (o tal vez sí) pongo a prueba o intento poner a prueba las convicciones de los demás, a ver si terminan por convencerme también. El tema es reconocer la línea entre poner a prueba y querer hacerse el listo. No puedo decir que siempre encuentro esta línea… y esto que les digo, o bien los hace dejar de leer o bien se descubrirán identificados.

          Es un método que aprendí de mi niñez, cuando chico, mis padres eran la autoridad máxima y lo que ellos decían, me guste o no, había que respetarlo. El caso es que a veces yo realmente quería hacer algunas cosas y que no me lo permitan me parecía lo más injusto del mundo. Yo pedía y ellos iniciaban una batería de preguntas que tarde o temprano tiraban por tierra mi único argumento: “porque quiero”. Aprendí entonces que si quería conseguir su aprobación debía mostrarme seguro y tener de antemano las respuestas a sus inquisiciones. Me acostumbré a “pensar en todo” cada vez que iba a pedir permiso para hacer algo, explicar los porque’s, los como’s, los donde’s y los cuando’s de todo. Empecé a ganarles, a obtener su consentimiento y a veces hasta creo que los frustré en sus ganas de protegerme de una idea “peligrosa” jeje. 

         Es así como aprendí a que cada vez que alguien viene convencido de algo, es un buen ejercicio probar esta convicción. Un ejemplo típico: las amigas que aparecen con el corazón roto por un idiota potencial que les hace las mil y una. Siempre defiendo al potencial idiota y a veces logro que se convierta en un príncipe azul, para bien o para mal, ja. De nuevo, me odian cada vez mas, o saben de lo que les escribo.
En resumen, podríamos decir que tengo algo de testarudo, contrera y hasta estúpido junto con la infaltable dosis de hipocresía humana (considero imposible no ser hipócrita y hasta necesario serlo cada tanto) o simplemente decir que me gusta pensar y hacer pensar a las personas.

REL

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