“I sogni sono l'ossigeno della vita. Basta ricominciare a sognare e di colpo tutto cambia, il mondo si muove, la giostra gira, la luna ci indica la strada e le stagioni; L'aria profuma di buono, il sole scalda più forte, e nei parchi ecco che rifioriscono i prati...Nessuno deve impedirci di sognare come di amare. Di lasciar correre la fantasia, di accettare le sconfitte per poi rialzarci più forti di prima. Riscoprendo la luce dell'universo in noi stessi.Avendo anche il coraggio di cambiare. Senza vergognarci mai per aver dato o ricevuto una carezza, o apprezzato una parola buona...È solo questo che a volte ci manca in un mondo che è e sarà sempre bellissimo.”
Eros
Ramazzotti.
Buenas. Último
día del año, para bien o para mal -ojalá que para bien- algo termina y otro
algo empieza… mejor dicho: se cierra un ciclo y comienza el siguiente.
Queriendo o sin querer se renuevan, aunque sea un poco las fuerzas, las
esperanzas, las promesas (de dieta entre otras ;-)) y se re-plantean los
objetivos. Se cierra la caja y se calcula el saldo a favor o en contra.
Personalmente estoy
dudando que exista el saldo en contra de uno, en esto de evaluar el año que pasa
y proyectar el que comienza, hoy por hoy no me imagino obteniendo números rojos
(hablando metafóricamente, de otro modo los economistas se reirían de mi), y es
que después de todo, pese a cualquier cosa y contra todo lo malo que me puede
haber pasado (o no) sigo aquí y parece que siempre hay un mañana para hacer lo
que no se hizo hoy… ¡Apa! suena un poco mal, como si el que hablara (escribe)
fuera un perezoso, pero en realidad es una sensación, de que a pesar de que no
he conseguido el cien por cien de lo que me propuse a esta altura del año
anterior, siento que tengo un margen y que aún se puede alcanzar el mismo
objetivo en este año que comienza, sin que repercuta en el tanteador global que
se pensó (que pensé) a largo plazo.
Hace unos
días, entre las felicitaciones de Navidad un amigo “re-apareció” y tuve el
gusto de poder conversar con él después de un tiempo. En lo que nos poníamos al
día me preguntó cómo cerraba el año, y en principio me contuve para responder
por que si bien encuentro cosas buenas que me dejó este 2014, rápidamente
pienso que mi objetivo (más que nada el académico) no fue alcanzado en su
totalidad. Admito que en mi caso es normal planificar de una forma el año
lectivo y terminar ejecutando con mucha menos ambición, pero al margen de eso,
este año deja el sinsabor de la frustración, de haberlo intentado y no logrado,
o peor aún, de haber hecho mal las cosas casi sin darme cuenta. Pero en medio
de esta amargura que implicaba explicarle a mi amigo que las cosas una vez mas
no habían salido como yo quería, me tranquilicé pensando que aún se puede. Por
una vez (por esta vez) prefiero ser el de la esperanza y no el de los hechos,
el optimista en vez del realista… dirían otros.
La cuestión es
que de golpe cambió mi forma de ver ciertas cosas (todavía no me animo a decir
“todas” las cosas) y por eso la introducción con un texto que encontré de Eros
Ramazzotti, que entre algunas cosas quizás demasiado “poéticas” dice otras un
tanto alentadoras y en las cuales creo que vale la pena pensar un poco. Quiero
concentrarme en lo que dice a partir del segundo párrafo porque tiene un poco
de esto que les vengo contando. Aclaro que lo cito por que casualmente,
mientras maduraba estas ideas en mi cabeza a lo largo de estos días, doy con
dicho texto, en el libro de canciones de un álbum que me regalaron.
(ésta es una
burda traducción mía, no necesariamente literal, no soy experto en italiano
pero creo que tampoco le voy a errar por mucho :-).
El traductor de Google ayudó)
“Nadie debe abstenerse de soñar como tampoco de amar. De dejar correr la imaginación. De aceptar la derrota para poder levantarse más fuerte que al comienzo. Redescubriendo la luz del universo en nosotros mismos.”
Entonces, ¿No
valen más las cosas malas de este año (y de cualquier otro) que nos comprometen
con nosotros mismos, para mejorarnos, fortalecernos? ¿No tiene más sentido la
derrota que nos obliga a aprender algo? ¿Y no deja de ser derrota acaso, no una
total al menos, si es que obtenemos sabiduría de ella? No es que espere su
respuesta, aunque con gusto la leería, pero es interesante plantearse que todo
puede ser una derrota y que toda derrota acarrea otro tipo de triunfo (en
cierta forma), quizás más reconfortante y constructivo que la victoria que no
se obtuvo. Y no es que haya descubierto algo nuevo, por supuesto, no voy a
re-inventar la rueda, pero me gusta cuando la vida nos propone experiencias que
refuerzan ciertos conceptos…
Es obvio que
las cosas malas, a veces cosas terribles, son las que menos queremos recordar,
las que más duelen, o más daño causan, pero de eso se trata, de sacar los mejor
de lo peor. Hoy me tocó picar un ananá para la ensalada de frutas, y tenía una
parte que parecía estar podrida y peor aún, la parte buena tenía un sabor ácido…
costó trabajo pelarlo con un cuchillo casi moto, para descubrir que
prácticamente era inutilizable, no hablemos de lo que pagamos por él como para
tirarlo pleno a la basura. No desesperé, le saqué todo lo putrefacto, en la
medida en que se pudo, lo piqué como si fuera el mejor ananá del mundo y le
agregué un poco de azúcar para que la absorbiera antes de volcarlo en la
ensalada… y claro, esto es una insignificancia al lado de algo realmente malo.
Es fácil sobrellevar medio ananá perdido y nada tiene que ver con la desgracia
que otras personas atraviesan… ¿O no? Pregunto en serio… ¿Tiene poco que ver?
Tiene tan poco que ver como cada uno quiera. Los problemas no son ni pequeños
ni grandes si no hay quien quiera resolverlos… digo yo… además la analogía me
pareció tan buena como risoria.
Digo, si
nosotros somos los jueces de nuestro hacer, si la ganancia depende de nosotros
y es para nosotros, ¿No conviene hacerla grande y positiva? Al menos positiva,
no necesariamente grande. Pero si haciendo un balance de lo hecho, y lo que
falta hacer, lo que conseguimos y lo que nos quedó pendiente podemos elegir que
el final sea feliz (con algunas promesas de por medio) o triste mientras nos
azotamos a nosotros mismos por no haber cumplido ¿Por qué elegir lo segundo?
Bueno, no hay una respuesta, o si la hay es una muy tramposa, si a nuestra
conciencia le parece necesario quizás los mejor sea pasar por todos los
estados, y así se confirmaría lo que les digo: encontrar en lo que se fracasó,
languidecer, reflexionar, aprender, fortalecerse y re-plantearse los objetivos,
entonces cualquiera sea el caso, cualquiera sea el saldo al final del balance,
el cuento siempre puede acabar bien, si se tiene la suficiente paciencia, la
suficiente visión y fundamentalmente si se quiere ;-). Suena un poco trivial,
un poco forzado, pero como todo lo que suelo decirles, es un punto de vista,
una sugerencia, un consejo no pedido de los que bien se dar…
Termina el
año, es un buen momento para terminar otras cosas, abandonar ciertas ideas en
lo profundo de nuestras mentes, terminar de madurar algunas, no creo que sea el
único camino, pero sí creo que está entre los más fáciles, alegrarse por lo
bueno que sucedió o sucede, reflexionar sobre lo malo y siendo que estamos
respirando mientras pensamos o leemos esta monótona entrada, encontrarnos
fuertes porque aquello doloroso que pasó ayer, o pasa hoy, no pudo con nosotros,
no está pudiendo, porque hasta que no estemos muertos no podrá y hasta
entonces, cada segundo que respiremos puede ser nuestro pequeño triunfo, algo
insignificante pero celebrable en principio, para luego encontrar un bienestar
mucho más general. Espero que el brindis de media noche, sea para uds el click
que hace falta para pasar de página y que el balance sea positivo más allá de
todo. Que el vibrar de las copas al chocar, sea el toque mágico que se lleve lo
malo, dejando sus lecciones y reafirme en nosotros los buenos momentos de este
ciclo que se va. Y no les deseo esto para que comprueben que tengo razón, no…
se los deseo porque me gusta creer que hoy cada uno tiene la oportunidad de
encontrar la forma de renovarse, de ubicarse en el proceso de sus vidas y
retomar las riendas de ésta. Mal que nos pese, un año nuevo que llega es la
excusa perfecta para un nuevo comienzo, no importa si es el comienzo número 27…
es un “nuevo comienzo n°27”, y no hay por qué no ser un poco optimistas. Un
profesor de la secundaria solía decir que había que apuntar bien alto, para que
el tiro salga un poco más abajo pero igualmente alto. Facundo Cabral decía “vuele
bajo, porque abajo está la verdad”. En fin… uds vean.
(volviendo a
la traducción, 3er párrafo)
“Teniendo también el coraje para cambiar, sin avergonzarse nunca por haber dado o recibido una caricia, o haber disfrutado de una buena palabra…Es esto que a veces falta en este mundo que es y será siempre hermoso”E. R. (no es Esteban Ramiro jeje)
Esto último se los
dejo a su interpretación.
SE DESUBICO EN DESAPARECER MI COMENTARIO! :(
ResponderEliminarbueno tendre que escribir la esencia de lo que escribi anteriormente :(... y con menos ganas porque es muy frustrante escribir tanto y con sentimiento y que ahora ni yo sepa todo lo que puse....
ResponderEliminarbueno, empezaba agradeciendote porque una vez mas tus palabras me vienen como anillo al dedo, porque soy de las personas que a estas alturas suelen sentirse tristes por lo "no logrado", pero un dia como hoy cada año me prometo cosas nuevamente...
creo que a estas alturas estoy un poco cansada de volver a empezar...pero bueh, un mañana seguramente mejorara este sentimiento...(creo que mejor lo dejo asi, juro que mi comentario anterior era mucho mas alentador)...
y bueno concluia en que sin importar si hoy soy la unica que te lee...seguro si alguien necesita estas palabras llegaran a esa persona...o esas personas...continua porque estoy muy orgullosa de vos...