Empecemos.
- ¡Veo veo!
- - ¿Qué ves?
- - ¿Qué ves cuando me ves? Jaja. Anda ya… ¡una
cosa!
- - ¿Qué cosa?
- - Maravillosa.
- - ¿De que color?
- - Estemmmm… Naranja.
Bueno ya… lo
dejo ahí que si no este comienzo es un caos.
Recuerdo
tiernamente las veces que mi papá me desafiaba con el veo veo en momentos en
donde yo decía estar aburrido, pero es cierto también que al crecer usaba el
juego para hacer trampa a mis amigos. Elegía algo de un color y cuando lo
descubrían rápido, cambiaba a lo siguiente que encontrara de ese color, no me gustaba
perder. Aún no me gusta, pero lo manejo mucho mejor jaja.
Pero traigo a
colación al juego, más que por una tierna nostalgia o una madura y absurda
confesión, por el hecho de que me permite reflejar lo que
quiero escribir.
-
- ¡Ya te digo yo que los ladrillos son rojos! ¡No anaranjados!
¡Eres un tramposo!
- - Pues para mí son naranja, así que he ganado. ¡Vaya
ciego eres que no puedes encontrar una pared de ladrillos delante de ti! (NdA: Yo
escribí “tuyo”, Word dice “de ti” allá él).
La idea del
diálogo es representar lo siguiente: ninguno de los participantes es ni
tramposo, ni ciego, simplemente son dos personas diferentes que ven las cosas
de modos diferentes y no han compartido esta forma de verlas, el uno con el
otro. Quizás el libro de reglas del veo veo que debe estar empolvado en
Babilonia diga que antes de iniciar los jugadores deben acordar de que colores
ven lo que van a utilizar como escenario… y es que cuando se trata de ver las
cosas, todos solemos pensar que éstas son como las vemos pero la realidad que
pocas veces consideramos, es que lo que vemos es UNA forma de TANTAS posibles
que tiene esa cosa. Y es que cada cosa puede tener tantas formas como personas
la miren.
¿Cuántas veces
nos ha parecido hablar con alguien que no ve algo “tan claro, tan grande” como
una pared de ladrillos delante de él? Quizás hasta nos molestamos con esa
persona por su incompetencia para ver… pero eso mismo es una hipocresía, pues
al juzgar a alguien por “ciego”, estamos cayendo en la ceguera de no ver lo que
él. Y abusando de la metáfora y de la concentración de quien esté leyendo, creo
que podemos estar de acuerdo en que a veces es mejor no ver una pared de
ladrillos… 😉 (dije mejor, no menos peligroso ¡ja!).
No sé si lo he
logrado a esta altura, pero quería hablar de personas y de las formas de ver
las cosas y como esto tiene tantos matices para bien o para mal.
Creo que
muchas veces dejamos de lado que lo que entra por nuestros sentidos hacia
nuestro cerebro es una percepción de lo que nos rodea y que esa percepción es
NUESTRA realidad, pero no tiene porque ser la de todos. Este olvido nos lleva
muchas veces a menospreciar a los demás o simplemente a no entenderlos, pero es
que al mismo tiempo no estamos comprendiendo que la otra persona no es tonta ni
mucho menos, simplemente es otra persona, y percibe SU realidad, puede que
ambos tengan la pared en frente, pero quizás uno no solo la ve de un color
distinto (rojo o anaranjado) si no que elige no concentrarse en la pared.
Volviendo al
juego, quizás el “adivinador” cree que algo tan grande es muy obvio como
elección y que el objeto en cuestión estará más escondido, será más pequeño. En
fin, lo ve desde una perspectiva diferente, eso no lo hace ciego, no lo hace un
perdedor (bueno, perderá esa ronda del juego quizás), lo hace diferente… y
diferente no es bueno ni es malo, es solo diferente.
Imagínense un
hombre (o una mujer, que me matan las feministas ¡ja!) pisando la orilla de una
playa, él (o ella) percibe un mar abundante, infinito, azul, quizás nostálgico,
quizás temeroso porque no sabe nadar, y otra persona, por ejemplo ciega, puede
percibir el mismo mar como algo que apenas abarca sus pies, quizás lo confunde con
un charco (si es que desconoce que está en una playa o no escucha el oleaje si
lo hubiese =P), no es azul pero es de un color “frio”, “húmedo”, no le teme,
porque jamás se ahogaría en un charco. Al escuchar las olas entendería que es
un mar y quizás sienta más frío, más miedo, sus oídos le informarían de olas
lejanas, su olfato de vientos por venir… en fin… uno y otro estarían ante la
misma realidad pero “verían” cosas distintas… y quien sabe, aun así quizás ambos
sean buenas personas, agradables, dignos de invitar a un café y conversar (NdA:
Si, mi definición de “buena persona” o “persona interesante” va muy de la mano
de a quien invitaría un café para conversar y aprender jaja. Ya ven, esa es MI
definición).
¿Que quiero
decir con todo esto? Pues eso, que cuando hablamos, discutimos, debatimos etc,
con otras personas, si dejamos de lado que es OTRA PERSONA DISTINTA A UNO que
PUEDE PENSAR (percibir la realidad) LIBREMENTE DISTINTO A UNO seguramente
terminaremos enojados y peor aún, en situaciones donde haya que tomar decisiones
en base a lo que piensan las personas, no se podrán tomar esas decisiones, no de manera concensuada al menos.
Esto no
significa que si tratamos de ver las cosas como los demás, de ponernos en su
lugar, llegaremos a algo, pero seguramente nos evitará muchos enojos, muchas
amarguras. Porque si somos capaces de comprender que el otro es EL OTRO, que
puede ver cosas que nosotros no, sin necesidad de caer en una equivocación,
comprenderemos que su postura es posible, que la única opción no es la nuestra
y a partir de esa compresión decidir si queremos quedarnos de nuestro lado de
la calle o si cruzamos al frente a ver como se ven las cosas desde ahí.
Si me
preguntan a mí, diría que cruzar la calle no siempre va a ser una “solución” (a
veces no se trata de que haya un problema) pero tampoco va a ser un signo de
debilidad. A veces no hará falta cruzar la calle, simplemente aceptar que la
otra vereda es tan linda de transitar como la nuestra, que se puede caminar
juntos por veredas separadas ¿Se puede?
Preferiré siempre que me cuestionen…
cuestionar es una palabra muy fuerte… digamos: “que me enseñen a ver de otras
formas”, no para convencerme, no para humillarme porque yo haya estado
equivocado y ellos en lo cierto, si no para aprender, qué en fin, si una pared
puede ser roja o naranja, o algo invisible o un gran obstáculo, pues habrá
veces que convendrá mirarla de un modo y otras de otro. Pues mejor aprender que existen tantas posibilidades que a lo mejor no estamos perdiendo de la mitad del mundo que vemos (o que no vemos).
Puede que no
me guste, que no sepa aún como manejar que alguien piense o vea las cosas
distinto a mí, puede que a veces la mirada de alguien me intimide, me haga ver
una pared donde no la hay y pierda el timepo, pero es que así se aprende también y yo siempre
quiero aprender.
REL
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