sábado, 22 de agosto de 2015

Basta con pensarlo para que sea posible.



Estuve mal y ahora estoy bien. O al menos eso creo… apreté el botón te pausa y dejé todo ahí, esperando… quizá algún día vuelva a jugar o termine por apagar la consola. Ya veremos.


Son impresionantes (originalmente había escrito “increíbles”, pero si así fueran nunca estaríamos mal jeje) las cosas en las que pensamos cuando queremos estar mal. Si, escribí “queremos” porque estar bien o mal, como muchas veces dije, es una decisión nuestra y no estamos más o menos locos por querer estar mal, a veces es simplemente necesario, porque en esos momentos es donde maduramos (si nos lo permitimos) los cimientos de un nuevo bienestar que se va a edificar solo si queremos (la palabra mágica del día).


Basta con pensarlo para que sea posible.


Y cuesta horrores que parezca tan simple ¿Cuesta? ¿En serio? Es realmente difícil ¿O creemos que axiomáticamente tiene que serlo y eso nos detiene (nos ofusca) cuando queremos ver el camino?


Si hay un vaso medio vacío, automáticamente tiene que haber un vaso medio lleno, por el bien de cosas más elementales (no digamos simple matemática o fracciones por que despierta estigmas ¡ja!). El problema otra vez se resume a qué lado del vaso queremos prestarle atención. De nuevo, “queremos”. Y yo no puedo convencerlos de que vean siempre el lado lleno y se sumerjan en esa mitad de prosperidad infinita, pero si quiero convencerlos de que hay opción. Si logro eso ya me siento realizado. No soy nadie para prohibirles estar mal mientras sepan que pueden estar bien y que solo ustedes se lo impiden. Y aparece de nuevo este concepto que es irritantemente cierto (por suerte) “basta con pensarlo para que sea posible”. Esta idea quiere decir que las cosas son tan ciertas como creemos…


¿De dónde salen nuestros miedos? ¿Nuestros límites? ¿Realmente no podemos excederlos? Lo más probable, es que salgan de cosas que vimos, o de gente en quien confiamos y que nos enseñó que ahí estaban y que no se podían superar. No viene demasiado al caso. Pero si es importante notar que “creemos” en ellos (en los límites) y que eso es lo que les da valor de certeza en nuestra vida. Imagínense que creyeran que salir a la calle está lleno de peligros, que con solo pisar la calle morirían atropellados, naturalmente, no saldrían de sus casas. Como cada día despiertan y creen, con más fuerza que miedo, que salir a la calle es a lo sumo un mal necesario para lograr otros objetivos muchos más trascendentes, la idea “si salgo podría morir” no significa nada para muchos de ustedes, es casi una mentira. Imagínense que los hermanos Wilbur y Orville hubieran creído fervientemente que era imposible que los hombres vuelen, ¿Qué creen que habría pasado? Muy probablemente habría surgido alguien como Glenn Curtiss para mostrarles que no y se hubiera llevado todo el crédito. Imagínense que Henry hubiera pensado que la cadena de montaje era un mito. O si Isaac hubiera mirado con más hambre que curiosidad esa dichosa manzana. El punto es que a nuestro alrededor tenemos constantemente ejemplos de personas que creen (o creyeron) que se puede ir más allá, que se proponen (o propusieron) superar esos límites que a veces no tienen ningún fundamento que los soporte más que nuestra falta de interés en comprobar su elasticidad.


Quiero decir, no hay un libro que indique cual receta como superar los males, o como llevar a cabo los duelos, hay algunas ideas que nos hacen creer, con más o menos fuerza que lo “correcto” es estar mal (y yo creo que es necesario cada tanto ya lo he dicho), pero no, no hay un “código civil” que nos imponga estar mal, tampoco uno que diga que debemos estar permanentemente bien, por eso uno elige (por que puede elegir), en cada día, a cada momento. Entonces, basta con pensar que tenemos que estar mal para que sea posible estarlo y basta con pensar que tenemos que estar bien para que esto sea lo posible. El creer que es posible nos va a movilizar (metafóricamente hablando).


Y esta idea, tiene como tantas otras cosas, esa dualidad intrínseca que separa fuertes y débiles por así decirlo. Los fuertes van a tomarla y se darán cuenta que en la imposibilidad de refutarla es irritantemente cierta pero van a entender que así como molesta, puede convertirse en un principio, en un motivo para levantarse cada día. Si creemos es posible, y si es posible tengo que salir a hacerlo y si no lo logro es porque algo estoy haciendo mal y lo debo corregir y creer que hay algo que corregir nos devuelve al principio de este círculo vicioso que gira a una frecuencia de “yo puedo”. Los débiles no creerán, o creerán que no puede resumirse a una cuestión de fe y creer eso hará posible esa realidad y paradójicamente estarán dentro del grupo de los fuertes que creen algo, solo que sus fuerzas apuntan en otra dirección, los moverán a chocar con sus límites convencidos que no hay un más allá.


Estuve mal, pasé por unos días en donde lo importante para mí era esa parte vacía del vaso, irónicamente llena de porqués, de dudas sobre mí, sobre mi capacidad, sobre mi valor. Un vacío lleno (sí, me encanta la ironía) de cuestionamientos sobre los propósitos de la vida, la vida de los humanos y mi propia vida y no desaparecieron, ni por asomo, están todos ahí “llenando” esta mitad del vaso, pero por hoy, aquí y ahora decidí concentrarme en la parte llena (la parte “buena”) y sigo buscando estas respuestas pero desde la perspectiva optimista que dice “¡ey!, llegaste hasta aquí. No está mal pero hay más allá afuera y vos podes dar más”. Todavía no sé que pasa si salgo a la calle, puede ser cierto que es peligroso, pero si sé que creo en otras cosas más trascendentales, no sé si voy a alcanzar mis sueños pero los creo posibles y eso me ayuda a dar el siguiente paso.


Nosotros elegimos y yo elijo estar bien ¿Ustedes?



REL.

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