Estuve mal y ahora estoy bien. O
al menos eso creo… apreté el botón te pausa y dejé todo ahí, esperando… quizá
algún día vuelva a jugar o termine por apagar la consola. Ya veremos.
Son impresionantes (originalmente
había escrito “increíbles”, pero si así fueran nunca estaríamos mal jeje) las
cosas en las que pensamos cuando queremos estar mal. Si, escribí “queremos” porque
estar bien o mal, como muchas veces dije, es una decisión nuestra y no estamos más
o menos locos por querer estar mal, a veces es simplemente necesario, porque en
esos momentos es donde maduramos (si nos lo permitimos) los cimientos de un
nuevo bienestar que se va a edificar solo si queremos (la palabra mágica del
día).
Basta con pensarlo para que sea
posible.
Y cuesta horrores que parezca tan
simple ¿Cuesta? ¿En serio? Es realmente difícil ¿O creemos que axiomáticamente
tiene que serlo y eso nos detiene (nos ofusca) cuando queremos ver el camino?
Si hay un vaso medio vacío, automáticamente
tiene que haber un vaso medio lleno, por el bien de cosas más elementales (no
digamos simple matemática o fracciones por que despierta estigmas ¡ja!). El
problema otra vez se resume a qué lado del vaso queremos prestarle atención. De
nuevo, “queremos”. Y yo no puedo convencerlos de que vean siempre el lado lleno
y se sumerjan en esa mitad de prosperidad infinita, pero si quiero convencerlos
de que hay opción. Si logro eso ya me siento realizado. No soy nadie para
prohibirles estar mal mientras sepan que pueden estar bien y que solo ustedes
se lo impiden. Y aparece de nuevo este concepto que es irritantemente cierto
(por suerte) “basta con pensarlo para que sea posible”. Esta idea quiere decir
que las cosas son tan ciertas como creemos…
¿De dónde salen nuestros miedos?
¿Nuestros límites? ¿Realmente no podemos excederlos? Lo más probable, es que
salgan de cosas que vimos, o de gente en quien confiamos y que nos enseñó que
ahí estaban y que no se podían superar. No viene demasiado al caso. Pero si es
importante notar que “creemos” en ellos (en los límites) y que eso es lo que
les da valor de certeza en nuestra vida. Imagínense que creyeran que salir a la
calle está lleno de peligros, que con solo pisar la calle morirían
atropellados, naturalmente, no saldrían de sus casas. Como cada día despiertan
y creen, con más fuerza que miedo, que salir a la calle es a lo sumo un mal
necesario para lograr otros objetivos muchos más trascendentes, la idea “si
salgo podría morir” no significa nada para muchos de ustedes, es casi una
mentira. Imagínense que los hermanos Wilbur y Orville hubieran
creído fervientemente que era imposible que los hombres vuelen, ¿Qué creen que
habría pasado? Muy probablemente habría surgido alguien como Glenn Curtiss para
mostrarles que no y se hubiera llevado todo el crédito. Imagínense que Henry
hubiera pensado que la cadena de montaje era un mito. O si Isaac hubiera mirado
con más hambre que curiosidad esa dichosa manzana. El punto es que a nuestro alrededor
tenemos constantemente ejemplos de personas que creen (o creyeron) que se puede
ir más allá, que se proponen (o propusieron) superar esos límites que a veces
no tienen ningún fundamento que los soporte más que nuestra falta de interés en
comprobar su elasticidad.
Quiero decir, no
hay un libro que indique cual receta como superar los males, o como llevar a
cabo los duelos, hay algunas ideas que nos hacen creer, con más o menos fuerza
que lo “correcto” es estar mal (y yo creo que es necesario cada tanto ya lo he
dicho), pero no, no hay un “código civil” que nos imponga estar mal, tampoco
uno que diga que debemos estar permanentemente bien, por eso uno elige (por que
puede elegir), en cada día, a cada momento. Entonces, basta con pensar que
tenemos que estar mal para que sea posible estarlo y basta con pensar que
tenemos que estar bien para que esto sea lo posible. El creer que es posible
nos va a movilizar (metafóricamente hablando).
Y esta idea, tiene
como tantas otras cosas, esa dualidad intrínseca que separa fuertes y débiles
por así decirlo. Los fuertes van a tomarla y se darán cuenta que en la imposibilidad
de refutarla es irritantemente cierta pero van a entender que así como molesta,
puede convertirse en un principio, en un motivo para levantarse cada día. Si
creemos es posible, y si es posible tengo que salir a hacerlo y si no lo logro
es porque algo estoy haciendo mal y lo debo corregir y creer que hay algo que
corregir nos devuelve al principio de este círculo vicioso que gira a una
frecuencia de “yo puedo”. Los débiles no creerán, o creerán que no puede
resumirse a una cuestión de fe y creer eso hará posible esa realidad y paradójicamente
estarán dentro del grupo de los fuertes que creen algo, solo que sus fuerzas
apuntan en otra dirección, los moverán a chocar con sus límites convencidos que
no hay un más allá.
Estuve mal, pasé
por unos días en donde lo importante para mí era esa parte vacía del vaso,
irónicamente llena de porqués, de dudas sobre mí, sobre mi capacidad, sobre mi
valor. Un vacío lleno (sí, me encanta la ironía) de cuestionamientos sobre los propósitos
de la vida, la vida de los humanos y mi propia vida y no desaparecieron, ni por
asomo, están todos ahí “llenando” esta mitad del vaso, pero por hoy, aquí y
ahora decidí concentrarme en la parte llena (la parte “buena”) y sigo buscando
estas respuestas pero desde la perspectiva optimista que dice “¡ey!, llegaste
hasta aquí. No está mal pero hay más allá afuera y vos podes dar más”. Todavía
no sé que pasa si salgo a la calle, puede ser cierto que es peligroso, pero si
sé que creo en otras cosas más trascendentales, no sé si voy a alcanzar mis
sueños pero los creo posibles y eso me ayuda a dar el siguiente paso.
Nosotros elegimos
y yo elijo estar bien ¿Ustedes?
REL.
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