jueves, 14 de mayo de 2015

Estar mal, también vale.



                Hace unos días que quiero escribir, hace bastante más en realidad, pero distintas circunstancias me orientaron más hacia no escribir que hacia la computadora... jaja. Veamos ahora.

                Siempre que quiero promover (compartir) mi lógica de la vida y cómo es que ser feliz es algo que depende solo de una decisión (nuestra), quizás doy a entender que hay que ser felices todo el tiempo pero no, no es la idea. Sin hablar de si es posible o no ser felices 24x7x365x’toda una vida’, esta vez escribo para explicar que estar mal (triste, infeliz, insatisfecho, cansado, derrotado y un largo etc.) también vale.

                Hoy particularmente dos frases aparecieron dando vueltas en mi cabeza: “nunca está más oscuro que cuando esta por amanecer” y “siempre se puede estar peor”. En principio estas dos ideas me parecieron contradictorias, una parece hacer referencia al fondo del tarro, del cual solo resta salir y otra parece hablar de un tarro sin fondo en donde podemos caer perpetuamente. Y francamente creo que sería difícil contextualizarlas de modo que pertenezcan a una misma filosofía pero aquí estoy escribiendo. Que se le va a hacer, me gustan los retos (¿?).

                Nunca está más oscuro que cuando va a amanecer me gusta medio por romántico y medio por lógico, es igual que “siempre que llovió, paró” y así, tal cual, son esas cosas que nos hacen sentir mal (y también las que nos hacen sentir bien, claro), tienen un punto de inflexión que cambia la concavidad, tienen un final. El punto es permitirse cualquiera de las dos (estar bien o mal), el tiempo suficiente para poder avanzar sin retrocesos, el equivalente a descansar bien en el fondo del pozo de nuestras tristezas antes de iniciar una escalada que no tenga tropiezos. Una persona que quiero mucho me dijo una vez “hay duelos, que hay que hacer” y concuerdo, pretender que las cosas que nos entristecen no están ahí me parece medio inútil y francamente prefiero pensar que solo pasando por estos estados (tristeza, dolor…) logramos reconocer y disfrutar los otros ¿Qué sería de nuestra felicidad si no hubiera un bache de tristeza del cual diferenciarla? Sabemos cuándo estamos satisfechos de comida porque antes tuvimos hambre y sabemos cuándo tenemos hambre por que eventualmente estuvimos satisfechos. Si cada día de nuestra vida fuera feliz, no se llamarían “días felices”, los llamaríamos o “días normales”. Por lo menos hasta que el sol se apague o algún hombre muy perverso lo obstruya eternamente o lo destruya, puede estar nublado, podemos ser ciegos y aun así las noches terminaran con el día, el mal en el bien y viceversa.

                Por otro lado, siempre se puede estar peor es algo a lo que recurro para darme fuerzas y que, hasta la muerte, también me parece lógico. Es decir, estando muerto, no hay nada peor ¿Lo hay? Antes de eso, en cualquier caso se puede estar peor, que no sepamos verlo de ese modo es otra cosa. Aunque admito que en esta parte juega mucho mi conformismo, que últimamente me ha servido mucho en días difíciles. Y aquí no me atrevo a generalizar tanto, pero en el pozo, o es lo más oscuro posible o aun puedo hacer algo por no llegar al fondo que podría (debería) ser más siniestro. Y algunos decidirán llenar sus pozos grandes o pequeños con lágrimas y padecer sus propias agonías hasta el final y no podría decir que están equivocados, pero si sentiría que es un despropósito desde el punto de vista de que siempre se puede estar peor pero también se puede estar mejor. La verdadera cuestión siempre va a ser si hay ganas de nadar en este mar de lágrimas y si estamos preparados para hacerlo, si descansamos lo suficiente sobre nuestro colchón de ideas tristes y perturbadoras de la felicidad y ya estamos fortalecidos, restaurados, parchados para escalar, salir a flote. Siempre sabiendo que de uno u otro modo somos nosotros quienes elegimos. Estar consciente de esa decisión, lo cual nos ayudará a determinar en qué ideas concentrarnos, sobre qué reflexionar y cuando estaremos listos para movernos en la dirección que creamos que es necesario.

                Todo en el mundo está sujeto a nuestra interpretación, lo que es la noche para algunos puede ser una tarde oscura para otros, pero lo interesante es que al observar (en la acepción de observar que se refiere a percibir) si estamos lo suficientemente predispuestos y/o preparados podemos empezar a ver una noche como una tarde oscura, a una tarde oscura como a un ocaso casi extinto y quizás en vez de ver solo sombras empezar a ver la luz que las genera. Siempre insisto que es cuestión de querer, de querer y también de estar preparado, de haber madurado nuestros sentidos lo suficiente para poder percibir cosas que quizás están ahí aun cuando parecen no estar. En esta parte, en la de la maduración es donde me parece valioso concentrarnos en por qué estamos bien o por qué estamos mal, eso necesita tiempo y no ser ignorado. Por eso digo que estar mal también vale, de estar mal, de comprender por qué estamos así y buscar las formas de cambiar esas cosas una a una cuando estemos listos nacerá el estar bien como algo definido,  distinto y consistente. Surgirá un estado de consciencia que nos dirá de ahora en más que tamaño tiene el pozo, como no caer hasta el fondo y si caemos como salir de él. Incluso quizás nos enseñe ciertas ventajas de caer en él.

A veces en esta parte resultan útiles las opiniones o las perspectivas de terceros por mas irritantes que nos puedan parecer. Nadie nace con un diccionario de dónde saca las definiciones de las cosas que percibimos y así explicarlas, no. Sabemos que al perro se le dice perro porque alguien nos enseñó que ese animal peludo de cuatro patas que hace “guau” y corretea inútilmente a su cola o a las ruedas de los autos por orden de aparición es un perro. Nos guste o no, hay muchas cosas que definimos o re-definimos por lo que otros nos dicen y esto a veces puede ser tan malo como bueno. O sea, siempre tendremos a mano los típicos “no sabes lo que siento”, “no me entendés”, “no te pones en mi lugar” y si bien son cosas ciertas porque otra persona no puede meterse dentro de nosotros para ocupar nuestro lugar o para entender que pasa por nuestras mentes tampoco es necesario, está bueno tener otra visión, para poner a prueba nuestra capacidad de análisis o, con suerte, encontrar un salvavidas que nos ayude a salir. Personalmente prefiero lo primero, porque proporciona otro tipo de aprendizaje más complejo y sólido pero el punto aquí es que a veces (por no decir siempre), salir de nuestros pozos va a ser más sencillo si nos acompañamos de alguien. Y otra vez dependerá de nosotros tomar el camino fácil o el difícil más ninguno sería el camino equivocado si es que se sabe lo que se está haciendo. Y si, quizás esta persona a la que recurrimos tiene una visión del mundo que desaprobamos, pero habrá que elegir entre escalar ese pozo a regañadientes, aprender o adaptar la forma de ver de nuestro rescatista o simplemente quedarnos ahí en el fondo, ya corre por uno.

No venimos al mundo a ser felices, a veces creo que no se a que vine al mundo, pero mientras lo descubro se que me gusta esto, compartirles estas cosas porque creo que les puede ser útil y me gustan otras cosas y disfruto haciéndolas y las hago en la medida en que me siento listo para hacerlas y cuando no estoy listo y quiero hacerlo hago lo que puedo para poder sacarme las ganas, sé que si no lo hago tendré algún tipo de angustia, entonces me planteo la bifurcación que implica convivir con esa angustia hasta aprender a no considerarla como tal o hacer lo que haga falta para concretar mis deseos. Concretarlos me hace sentir bien y es algo que puedo disfrutar hasta que me proponga el próximo reto.

Y quizás alguien diga que no se soñar en grande y probablemente tenga razón y podríamos discutir mucho al respecto. Tengo anhelos  que considero “grandes”, “utópicos”, por ejemplo me gustaría que este blog fuera conocido y enterarme de gente a la que estos conceptos (que no inventé yo) ayudan a alguien, pero esto me lleva a la bifurcación, como dije antes, de tener que hacer un conjunto de cosas para que eso se realice y porque no, tener que discutir con algún escéptico ó simplemente entender que es algo secundario en mi vida (porque también quiero lograr otras cosas prioritarias) y confiar un poco en que con algo de suerte esto llegará a quien lo necesite. Por otro lado, admito que no sé soñar en grande sin que esto me lleve a la espera de circunstancias o a una insostenible demanda de actividades que deben ser hechas y que convierten al sueño en una fatídica tarea… prefiero (y esto es totalmente personal) soñar en corto, porque así llego más rápido a la idea de realización, porque odiaría llegar al final de mis días y sentir que me faltó disfrutar de estos pequeños éxitos y que siempre estuve trabajando para algo que siempre estuvo por venir. No sé a que venimos al mundo pero sé que tarde o temprano nos vamos y hoy creo que al irme quiero sentir que disfruté y no que estuve esperando los días mejores, por eso quiero tratar de aprender a trabajar también con los días malos que son los que me permiten (o permitirán, incluso si quieren: “nos permitirán”) reconocer los buenos. Por eso digo que estar mal, también vale. 


REL

No hay comentarios:

Publicar un comentario