Hace
unos días que quiero escribir, hace bastante más en realidad, pero distintas
circunstancias me orientaron más hacia no escribir que hacia la computadora...
jaja. Veamos ahora.
Siempre
que quiero promover (compartir) mi lógica de la vida y cómo es que ser feliz es algo que
depende solo de una decisión (nuestra), quizás doy a entender que hay que ser felices
todo el tiempo pero no, no es la idea. Sin hablar de si es posible o no ser
felices 24x7x365x’toda una vida’, esta vez escribo para explicar que estar mal
(triste, infeliz, insatisfecho, cansado, derrotado y un largo etc.) también
vale.
Hoy
particularmente dos frases aparecieron dando vueltas en mi cabeza: “nunca está
más oscuro que cuando esta por amanecer” y “siempre se puede estar peor”. En
principio estas dos ideas me parecieron contradictorias, una parece hacer
referencia al fondo del tarro, del cual solo resta salir y otra parece hablar
de un tarro sin fondo en donde podemos caer perpetuamente. Y francamente creo
que sería difícil contextualizarlas de modo que pertenezcan a una misma
filosofía pero aquí estoy escribiendo. Que se le va a hacer, me gustan los
retos (¿?).
Nunca
está más oscuro que cuando va a amanecer me gusta medio por romántico y medio
por lógico, es igual que “siempre que llovió, paró” y así, tal cual, son esas
cosas que nos hacen sentir mal (y también las que nos hacen sentir bien, claro),
tienen un punto de inflexión que cambia la concavidad, tienen un final. El
punto es permitirse cualquiera de las dos (estar bien o mal), el tiempo
suficiente para poder avanzar sin retrocesos, el equivalente a descansar bien
en el fondo del pozo de nuestras tristezas antes de iniciar una escalada que no
tenga tropiezos. Una persona que quiero mucho me dijo una vez “hay duelos, que
hay que hacer” y concuerdo, pretender que las cosas que nos entristecen no
están ahí me parece medio inútil y francamente prefiero pensar que solo pasando
por estos estados (tristeza, dolor…) logramos reconocer y disfrutar los otros
¿Qué sería de nuestra felicidad si no hubiera un bache de tristeza del cual
diferenciarla? Sabemos cuándo estamos satisfechos de comida porque antes
tuvimos hambre y sabemos cuándo tenemos hambre por que eventualmente estuvimos
satisfechos. Si cada día de nuestra vida fuera feliz, no se llamarían “días felices”,
los llamaríamos o “días normales”. Por lo menos hasta que el sol se
apague o algún hombre muy perverso lo obstruya eternamente o lo destruya, puede
estar nublado, podemos ser ciegos y aun así las noches terminaran con el día,
el mal en el bien y viceversa.
Por
otro lado, siempre se puede estar peor es algo a lo que recurro para darme
fuerzas y que, hasta la muerte, también me parece lógico. Es decir, estando
muerto, no hay nada peor ¿Lo hay? Antes de eso, en cualquier caso se puede estar peor, que no sepamos verlo de ese modo es otra cosa. Aunque admito que en esta parte juega mucho
mi conformismo, que últimamente me ha servido mucho en días difíciles. Y aquí
no me atrevo a generalizar tanto, pero en el pozo, o es lo más oscuro posible o
aun puedo hacer algo por no llegar al fondo que podría (debería) ser más
siniestro. Y algunos decidirán llenar sus pozos grandes o pequeños con lágrimas
y padecer sus propias agonías hasta el final y no podría decir que están
equivocados, pero si sentiría que es un despropósito desde el punto de vista de
que siempre se puede estar peor pero también se puede estar mejor. La verdadera
cuestión siempre va a ser si hay ganas de nadar en este mar de lágrimas y si estamos
preparados para hacerlo, si descansamos lo suficiente sobre nuestro colchón de
ideas tristes y perturbadoras de la felicidad y ya estamos fortalecidos,
restaurados, parchados para escalar, salir a flote. Siempre sabiendo que de uno
u otro modo somos nosotros quienes elegimos. Estar consciente de esa decisión,
lo cual nos ayudará a determinar en qué ideas concentrarnos, sobre qué
reflexionar y cuando estaremos listos para movernos en la dirección que creamos
que es necesario.
Todo en
el mundo está sujeto a nuestra interpretación, lo que es la noche para algunos
puede ser una tarde oscura para otros, pero lo interesante es que al observar
(en la acepción de observar que se refiere a percibir) si estamos lo suficientemente
predispuestos y/o preparados podemos empezar a ver una noche como una tarde
oscura, a una tarde oscura como a un ocaso casi extinto y quizás en vez de ver
solo sombras empezar a ver la luz que las genera. Siempre insisto que es
cuestión de querer, de querer y también de estar preparado, de haber madurado
nuestros sentidos lo suficiente para poder percibir cosas que quizás están ahí
aun cuando parecen no estar. En esta parte, en la de la maduración es donde me
parece valioso concentrarnos en por qué estamos bien o por qué estamos mal, eso
necesita tiempo y no ser ignorado. Por eso digo que estar mal también vale, de
estar mal, de comprender por qué estamos así y buscar las formas de cambiar
esas cosas una a una cuando estemos listos nacerá el estar bien como algo definido,
distinto y consistente. Surgirá un
estado de consciencia que nos dirá de ahora en más que tamaño tiene el pozo,
como no caer hasta el fondo y si caemos como salir de él. Incluso quizás nos enseñe
ciertas ventajas de caer en él.
A veces en esta parte resultan
útiles las opiniones o las perspectivas de terceros por mas irritantes que nos
puedan parecer. Nadie nace con un diccionario de dónde saca las definiciones de
las cosas que percibimos y así explicarlas, no. Sabemos que al perro se le dice
perro porque alguien nos enseñó que ese animal peludo de cuatro patas que hace “guau”
y corretea inútilmente a su cola o a las ruedas de los autos por orden de
aparición es un perro. Nos guste o no, hay muchas cosas que definimos o
re-definimos por lo que otros nos dicen y esto a veces puede ser tan malo como bueno.
O sea, siempre tendremos a mano los típicos “no sabes lo que siento”, “no me
entendés”, “no te pones en mi lugar” y si bien son cosas ciertas porque otra
persona no puede meterse dentro de nosotros para ocupar nuestro lugar o para
entender que pasa por nuestras mentes tampoco es necesario, está bueno tener
otra visión, para poner a prueba nuestra capacidad de análisis o, con suerte,
encontrar un salvavidas que nos ayude a salir. Personalmente prefiero lo
primero, porque proporciona otro tipo de aprendizaje más complejo y sólido pero
el punto aquí es que a veces (por no decir siempre), salir de nuestros pozos va
a ser más sencillo si nos acompañamos de alguien. Y otra vez dependerá de
nosotros tomar el camino fácil o el difícil más ninguno sería el camino
equivocado si es que se sabe lo que se está haciendo. Y si, quizás esta persona
a la que recurrimos tiene una visión del mundo que desaprobamos, pero habrá que
elegir entre escalar ese pozo a regañadientes, aprender o adaptar la forma de
ver de nuestro rescatista o simplemente quedarnos ahí en el fondo, ya corre por
uno.
No venimos al mundo a ser
felices, a veces creo que no se a que vine al mundo, pero mientras lo descubro
se que me gusta esto, compartirles estas cosas porque creo que les puede ser
útil y me gustan otras cosas y disfruto haciéndolas y las hago en la medida en
que me siento listo para hacerlas y cuando no estoy listo y quiero hacerlo hago
lo que puedo para poder sacarme las ganas, sé que si no lo hago tendré algún
tipo de angustia, entonces me planteo la bifurcación que implica convivir con
esa angustia hasta aprender a no considerarla como tal o hacer lo que haga
falta para concretar mis deseos. Concretarlos me hace sentir bien y es algo que
puedo disfrutar hasta que me proponga el próximo reto.
Y quizás alguien diga que no se
soñar en grande y probablemente tenga razón y podríamos discutir mucho al respecto.
Tengo anhelos que considero “grandes”, “utópicos”,
por ejemplo me gustaría que este blog fuera conocido y enterarme de gente a la
que estos conceptos (que no inventé yo) ayudan a alguien, pero esto me lleva a
la bifurcación, como dije antes, de tener que hacer un conjunto de cosas para
que eso se realice y porque no, tener que discutir con algún escéptico ó
simplemente entender que es algo secundario en mi vida (porque también quiero
lograr otras cosas prioritarias) y confiar un poco en que con algo de suerte
esto llegará a quien lo necesite. Por otro lado, admito que no sé soñar en
grande sin que esto me lleve a la espera de circunstancias o a una insostenible
demanda de actividades que deben ser hechas y que convierten al sueño en una
fatídica tarea… prefiero (y esto es totalmente personal) soñar en corto, porque
así llego más rápido a la idea de realización, porque odiaría llegar al final
de mis días y sentir que me faltó disfrutar de estos pequeños éxitos y que
siempre estuve trabajando para algo que siempre estuvo por venir. No sé a que
venimos al mundo pero sé que tarde o temprano nos vamos y hoy creo que al irme
quiero sentir que disfruté y no que estuve esperando los días mejores, por eso
quiero tratar de aprender a trabajar también con los días malos que son los que
me permiten (o permitirán, incluso si quieren: “nos permitirán”) reconocer los
buenos. Por eso digo que estar mal, también vale.
No hay comentarios:
Publicar un comentario