domingo, 16 de agosto de 2015

Otro día más sin que secuestren a Ramiro



Y no… no es fácil.


El mar de ideas buenas y malas que tengo en la cabeza es increíble. Tanto que casi me resulta risorio intentar escribir algo coherente. Pero me pareció justo escribir alguna vez desde cierto malestar y que mis lectores, si acaso existen, vean que no soy siempre el típico “todo está bien”, “no hay razón para estar mal” etc.


No puedo ni quiero ocultarlo, estoy mal cuando me acuerdo que las cosas que me acontecen no son las mismas, ni por asomo, que las que hace un tiempo atrás me hacían pensar que no había ningún muro infranqueable. Y últimamente mis días se resumen en esperar a que el jenga se venga abajo, siempre perdiendo, barajar y dar de nuevo… si, medio tócame un tango que bailo un vals… así ando. Por las dudas y por suerte soy un fiel creyente de “estar mal también vale”. Y creo que tengo a mi favor, que si lo intento y que se que se puede. Pero eso no me evita la pelea constante entre el yo que dice “tenés que pelearla y lograr volver al punto en que todo estaba bien” y el otro yo que jugando de maduro dice “si la cosa llegó a esto, es porque no estaba todo bien”. Y aparecen esas contradicciones “holliwoodenses” típicas, onda: “si la amas déjala ir”, y “si la amas peleala hasta el final”. En fin… ni fú, ni fá. Un rato bien y al otro no. En el mejor de los casos me duele no haberlo visto venir, sentir que de golpe no soy lo suficientemente bueno o que si soy bueno pero no para el caso. Me duele saber que podría pero no me dan la oportunidad ¿Y porque no me la dan?  ¿Me la dieron? ¿Me la darán?


Llego a este punto y digo: ya está flaco, son cosas que no dependen de vos, no podes obligar a la gente a quererte. Incluso me consuelo: sos un buen pibe, cosas buenas te esperan adelante seguro. Pero no siempre soy muy persuasivo conmigo mismo. Y ojo, no me preocupa “la indicada” (que si me preguntan ya la conozco), me preocupa y me duele no ser el indicado.


Pero bueno, no era la idea hacer de esta entrada un mar de lágrimas, aunque no se bien cual era la idea desde un principio. Tampoco quisiera que se interprete que alguien me llevó a este estado de bipolaridad continua… nah. En estos días estuve así por que como dije un millón de veces, estar mal también vale, y porque creo que hay cosas muy importantes en nuestra vida que cuando dejan de estar merecen un proceso de recuperación, un duelo, una madurez de los pedazos que nos quedan para entender hacia donde apuntamos ahora.


Hay tanto que quisiera decir… pero me lo guardo para el momento correcto y para la persona “indicada”, este no es el medio. Y quizás ya dije demasiado.


Lo que quisiera dejar en claro para los que necesitan algo concreto dentro de este menjunje, para los que entraron aquí con la idea “uy mira, volvió a escribir el flaco de la filosofía de vida copada” (permítanme fantasear que eso pasa). Si, la vida es jodida cuando queremos verla como jodida, injusta si se quiere (nah, no si se quiere, decididamente es injusta pero es porque no puede ser de otro modo) y el amor no sigue reglas tan sencillas tipo “si A=B y B=C entonces por carácter transitivo A=C” no… la teoría, dice que nuestra mente y los pensamientos que la habitan son manejados por nosotros entonces evitar estar mal sería tan fácil como pensar en helado cuando queremos llorar (a menos que haga mucho frio o tengamos problemas de sensibilidad en los dientes) pero la práctica es el tema, ahí es donde todos patinamos, a veces mucho y a veces poco. La cuestión es levantarse cada vez que se cae. Dar de nuevo cada vez que nos tocaron dos 4 y sin envido. Levantar las maderitas del jenga y meterle para adelante (o para arriba) y obvio, no es fácil, no es una cosa de un día… todavía no se de cuánto tiempo es esta “cosa” pero ahí voy. Un segundo a la vez, tengo mis momentos pero o me pegó un tiro o busco otra cosa para hacer, la siguiente distracción y no sé ustedes pero todavía quiero ver “el principito” y conocer Italia (y ser ingeniero), así que hay que bancársela. Y esperar… no esperar en el sentido de agonizar en la cama, si no, esperar a que duela menos, a que nos sea más fácil distraernos, trabajar para alcanzar este punto con paciencia. Hoy me toca esto, ponerle el pecho a mi filosofía, bancarla y dar el ejemplo (aunque particularmente no soy tan enemigo de la hipocresía como probablemente debería, digo… Favaloro se pegó un tiro en el corazón y no por eso dejan de salvarse personas mediante transplantes de corazón). La cuestión entonces deja de ser un poco “¿Por qué? ¿Para qué?” y empieza a sostenerse un tanto más en un “¿Por qué no?" Después de todo siempre va a estar Italia.


En fin, soy como ustedes, un día sí y otro no. A mí también me cuesta como a ustedes y capaz que hasta me cuesta más, no por eso vamos a dejar de probar o me van a dejar de leer ¿no?


Otro día más sin que secuestren a Ramiro.
 
REL.

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