viernes, 19 de septiembre de 2014

A veces también cuento cuentos



Me tomé mi tiempo para volver a escribir, para ordenar algunas ideas, madurarlas y darles forma… no sirvió. En parte porque no solo me dedico a escribir en un blog. No estoy ni cerca de eso… y hoy vuelvo con esa sensación de que lo debo. Que mi entrada es una cuota y esta está atrasada.

Lo realmente cierto es que si tuve un par de ideas sobre que escribir, incluso las anoté entre las notas de mi celular como “potenciales entradas” pero luego quedaron ahí, en esa instancia, como algo potencial y no crecieron mucho en mi cabeza desde entonces. Pese a eso, venir aquí y escribir sobre otra cosa sería un despropósito de la nota creada en mi celular ja.

A veces encontramos nuestro destino en el camino que tomamos para evitarlo. M.S.


Con tristeza se quitó el reloj de la muñeca, lamentablemente pensó: ”tendré que andar sin reloj ahora, luego en casa lo repararé”. La noción del tiempo era importante para él, al menos tan importante como lo es para la mayoría de los seres humanos, pese a que el tiempo solo hace una sola cosa y a una velocidad que creemos constante, pese a lo que sentimos, pero parece inherente a nuestra existencia el querer controlar cada movimiento del tiempo. Controlar desde el punto de vista de poder medir, poder observar y en el mejor de los casos aprovechar, pero nunca controlar para detener, ralentar o acelerar.

La nostalgia le fue inevitable, aunque parecía tener solución, le dolió ver aquel presente de su madre separado en dos, por un lado el cristal que cubría las agujas y por el otro, el resto del reloj. Trató de consolarse a sí mismo ideando soluciones, en el momento tuvo dos ideas, “la gotita” o “la pistolita” de silicona. Ya vería, porque ahora el deber llamaba.

A la mañana siguiente puso agua para el mate y preparo ceremoniosamente, como acostumbraba, el respectivo equipo para servirse dicha infusión. Una vez mas y paso a paso, el sueño se despojaba de él, o él se despojaba de aquel… una de las dos o las dos cosas al mismo tiempo. Preparó también su reloj, en dos partes desde la tarde anterior. Hoy con suerte, volvería a ser solo un reloj. Adjuntó en la preparación el pegamento elegido entre las opciones que ayer lo habían seducido. No había razones contundentes para optar por uno o por otro pero “la gotita” ya estaba en la mesa. Miró el correr del tiempo una última vez, y casi se fastidió consigo mismo, toda la ceremonia le había llevado una hora… suavemente tiró de la perilla que permite ajustar la hora y junto con un clic, el tiempo se detuvo. No pudo evitar caer en la ironía de que sus dos últimos pensamientos hasta ese instante fueron “perdí una hora de mi vida” y “debo parar el reloj para poder arreglarlo”. Inmediatamente pensó que si pudiera no solo detener el reloj, si no que retroceder sus agujas y que esto provoque el retroceso del tiempo, no haría falta tal reparación. A su vez este pensamiento empujó a otro que teorizaba que si en otro desarrollo de lo pasado el reloj no se rompía, entonces la línea temporal debería ramificarse por un camino distinto al que el empezaba a transitar esa mañana. Si no hacía falta reparar el reloj, él no amanecería ese día con esa intención, mucho menos detendría las agujas de su reloj y mas aun, no pensaría en la necesidad de viajar en el tiempo para evitar que aquel preciado regalo de su madre se separara en dos. Por un momento pensó que en tal caso, deberían existir al menos dos universos, uno donde su reloj se rompió y tuvo que viajar en el tiempo y el otro, consecuencia de este viaje y de la no rotura, suponiendo que el viaje logra su cometido, del mencionado reloj. Quizás si aquel universo con el reloj sano existiese, forzosamente su universo actual no lo haría. Quizás si no hubiera detenido el reloj, estaría renegando consigo mismo por tomarse 5 minutos para pensar todo aquello, cuando el agua de los mates, se empezaba a enfriar sin servirse uno siquiera. Concluyó al fin, que no perdía nada con probar.

Estaba revisando la máquina número veinte de la tarde cuando sintió el ruido de un papel deslizándose bajo la puerta. Fue mas extraño aun comprobar que efectivamente alguien había hecho pasar una hoja por el pequeño espacio entre la puerta y el suelo. Lo levantó y descubrió que se trataba de una nota que al leer le pareció absurda y desconcertante. Letra imprenta mayúscula, bastante improlija, aunque bien podría ser su letra si intentase escribir con la mano izquierda y el mensaje era amenazador al mismo tiempo que insólito: “TU RELOJ SE VA A ROMPER”. Por el resto, no había rastros de quien podría haber sido el artífice de tan peculiar “broma”, no podía concebirla como mas que eso: una “broma”. Aun así, pensó que mas vale pájaro en mano que cien volando y se quitó el reloj y lo puso en su mochila. Aun tenía muchas  netbook’s que revisar y el tiempo, ese que ahora corría oculto en su mochila, apremiaba y no permitía detenerse a analizar pseudo amenazas que pasan bajo la puerta.

Llegó a su casa exhausto, le gustaba su trabajo, pero a veces, estar 6 horas revisando computadoras, se hacía un poco repetitivo y cansador. Dejó su mochila en una silla y debe haber sido su cansancio lo que provocó que la ponga en una posición que inevitablemente provocaría que esta caiga y cayó. Lo primero que pensó fue en la netbook que traía dentro, era su herramienta de trabajo y mas aun, no era suya, si no prestada por sus empleadores, levantó la mochila y entonces recordó que su reloj, aquel bonito reloj que su madre le había regalado en su último cumpleaños estaba en ella, todavía peor, recordó la extraña nota que había recibido y su sentencia. Ya no importaba la netbook, abrió el bolsillo, sacó el reloj y se derrumbó al comprobar que el cristal que cubría las agujas se había desprendido… si el cansancio había dejado algún rastro de sus ánimos, éste había desaparecido en ese evento desafortunado.

Dolido aun, dejó los restos de su reloj en la mesa. Mañana a primera hora lo repararía. Ya tenía dos ideas de como hacerlo: “la gotita” o “la pistolita” de silicona. Ya vería, porque ahora el cansancio lo superaba.

REL

No hay comentarios:

Publicar un comentario