Me tomé mi tiempo
para volver a escribir, para ordenar algunas ideas, madurarlas y darles forma…
no sirvió. En parte porque no solo me dedico a escribir en un blog. No estoy ni
cerca de eso… y hoy vuelvo con esa sensación de que lo debo. Que mi entrada es
una cuota y esta está atrasada.
Lo realmente cierto
es que si tuve un par de ideas sobre que escribir, incluso las anoté entre las
notas de mi celular como “potenciales entradas” pero luego quedaron ahí, en esa
instancia, como algo potencial y no crecieron mucho en mi cabeza desde
entonces. Pese a eso, venir aquí y escribir sobre otra cosa sería un
despropósito de la nota creada en mi celular ja.
A veces encontramos nuestro destino en el camino que tomamos para evitarlo. M.S.
Con tristeza se
quitó el reloj de la muñeca, lamentablemente pensó: ”tendré que andar sin reloj
ahora, luego en casa lo repararé”. La noción del tiempo era importante para él,
al menos tan importante como lo es para la mayoría de los seres humanos, pese a
que el tiempo solo hace una sola cosa y a una velocidad que creemos constante,
pese a lo que sentimos, pero parece inherente a nuestra existencia el querer
controlar cada movimiento del tiempo. Controlar desde el punto de vista de poder
medir, poder observar y en el mejor de los casos aprovechar, pero nunca
controlar para detener, ralentar o acelerar.
La nostalgia le fue
inevitable, aunque parecía tener solución, le dolió ver aquel presente de su
madre separado en dos, por un lado el cristal que cubría las agujas y por el
otro, el resto del reloj. Trató de consolarse a sí mismo ideando soluciones, en
el momento tuvo dos ideas, “la gotita” o “la pistolita” de silicona. Ya vería,
porque ahora el deber llamaba.
A la mañana siguiente puso agua para el mate y preparo
ceremoniosamente, como acostumbraba, el respectivo equipo para servirse dicha
infusión. Una vez mas y paso a paso, el sueño se despojaba de él, o él se
despojaba de aquel… una de las dos o las dos cosas al mismo tiempo. Preparó
también su reloj, en dos partes desde la tarde anterior. Hoy con suerte,
volvería a ser solo un reloj. Adjuntó en la preparación el pegamento elegido
entre las opciones que ayer lo habían seducido. No había razones contundentes
para optar por uno o por otro pero “la gotita” ya estaba en la mesa. Miró el
correr del tiempo una última vez, y casi se fastidió consigo mismo, toda la
ceremonia le había llevado una hora… suavemente tiró de la perilla que permite
ajustar la hora y junto con un clic, el tiempo se detuvo. No pudo evitar caer
en la ironía de que sus dos últimos pensamientos hasta ese instante fueron
“perdí una hora de mi vida” y “debo parar el reloj para poder arreglarlo”.
Inmediatamente pensó que si pudiera no solo detener el reloj, si no que
retroceder sus agujas y que esto provoque el retroceso del tiempo, no haría
falta tal reparación. A su vez este pensamiento empujó a otro que teorizaba que
si en otro desarrollo de lo pasado el reloj no se rompía, entonces la línea
temporal debería ramificarse por un camino distinto al que el empezaba a
transitar esa mañana. Si no hacía falta reparar el reloj, él no amanecería ese
día con esa intención, mucho menos detendría las agujas de su reloj y mas aun,
no pensaría en la necesidad de viajar en el tiempo para evitar que aquel
preciado regalo de su madre se separara en dos. Por un momento pensó que en tal
caso, deberían existir al menos dos universos, uno donde su reloj se rompió y
tuvo que viajar en el tiempo y el otro, consecuencia de este viaje y de la no
rotura, suponiendo que el viaje logra su cometido, del mencionado reloj. Quizás
si aquel universo con el reloj sano existiese, forzosamente su universo actual
no lo haría. Quizás si no hubiera detenido el reloj, estaría renegando consigo
mismo por tomarse 5 minutos para pensar todo aquello, cuando el agua de los
mates, se empezaba a enfriar sin servirse uno siquiera. Concluyó al fin, que no
perdía nada con probar.
Estaba revisando la
máquina número veinte de la tarde cuando sintió el ruido de un papel
deslizándose bajo la puerta. Fue mas extraño aun comprobar que efectivamente
alguien había hecho pasar una hoja por el pequeño espacio entre la puerta y el
suelo. Lo levantó y descubrió que se trataba de una nota que al leer le pareció
absurda y desconcertante. Letra imprenta mayúscula, bastante improlija, aunque
bien podría ser su letra si intentase escribir con la mano izquierda y el
mensaje era amenazador al mismo tiempo que insólito: “TU RELOJ SE VA A ROMPER”.
Por el resto, no había rastros de quien podría haber sido el artífice de tan
peculiar “broma”, no podía concebirla como mas que eso: una “broma”. Aun así,
pensó que mas vale pájaro en mano que cien volando y se quitó el reloj y lo
puso en su mochila. Aun tenía muchas
netbook’s que revisar y el tiempo, ese que ahora corría oculto en su
mochila, apremiaba y no permitía detenerse a analizar pseudo amenazas que pasan
bajo la puerta.
Llegó a su casa
exhausto, le gustaba su trabajo, pero a veces, estar 6 horas revisando
computadoras, se hacía un poco repetitivo y cansador. Dejó su mochila en una
silla y debe haber sido su cansancio lo que provocó que la ponga en una
posición que inevitablemente provocaría que esta caiga y cayó. Lo primero que
pensó fue en la netbook que traía dentro, era su herramienta de trabajo y mas
aun, no era suya, si no prestada por sus empleadores, levantó la mochila y
entonces recordó que su reloj, aquel bonito reloj que su madre le había
regalado en su último cumpleaños estaba en ella, todavía peor, recordó la
extraña nota que había recibido y su sentencia. Ya no importaba la netbook,
abrió el bolsillo, sacó el reloj y se derrumbó al comprobar que el cristal que
cubría las agujas se había desprendido… si el cansancio había dejado algún
rastro de sus ánimos, éste había desaparecido en ese evento desafortunado.
Dolido aun, dejó
los restos de su reloj en la mesa. Mañana a primera hora lo repararía. Ya tenía
dos ideas de como hacerlo: “la gotita” o “la pistolita” de silicona. Ya vería,
porque ahora el cansancio lo superaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario